sábado, 16 de enero de 2010

El cuerpo en la danza: aproximación desde una colaboración entre el análisis estadístico y la autoetnografía

(Ponencia presentada en la VIII Reunión de Antropología del Mercosur. Universidad Nacional de San Martín)

Mariana del Mármol
Ana Sabrina Mora
Mariana Sáez


Introducción
El análisis que presentamos en esta ponencia se desprende de algunos de los resultados de un trabajo etnográfico que una de las autoras ha realizado en la Escuela de Danzas Clásicas de la ciudad de La Plata (provincia de Buenos Aires), cuyo principal eje de indagación ha estado puesto en las experiencias, representaciones y prácticas construidas en torno al cuerpo, el movimiento y la subjetividad durante el proceso de formación en las artes del movimiento que se enseñan en esa institución (Danzas Clásicas, Danza Contemporánea y Danza - Expresión Corporal), tanto por parte de las y los estudiantes como de las y los docentes. En este trabajo de investigación, junto con las observaciones, la participación observante y las entrevistas, se realizó una encuesta1, en cuya ejecución participamos las tres autoras de esta ponencia. Esta encuesta fue diseñada con el objetivo de acercarse a cuestiones que habían surgido en las entrevistas y que se deseaba profundizar y ampliar, y a la vez con la intención de extender el análisis a una mayor población de informantes. Se esperaba que la encuesta pudiera funcionar a la vez como un control cuantitativo de los resultados obtenidos por medio del análisis cualitativo, y que abriera nuevos interrogantes y posibilidades de análisis.
La muestra2 se obtuvo de la realización de encuestas a estudiantes de la tecnicatura y profesorado en Danzas Clásicas, tecnicatura y profesorado en Danza Contemporánea y profesorado en Danza - Expresión Corporal. Fueron distribuidas entre los encuestados para su auto administración, durante tiempos de espera de ensayos, pausas entre clases y otros momentos. La encuesta incluye preguntas con distinto grado de estandarización: cerradas, abiertas y semi-abiertas, con un total de 22 preguntas, que se completaron en un promedio de veinte minutos. Las preguntas buscan conocer las representaciones sobre el cuerpo propio, los cuerpos de los otros y el cuerpo-para-la-danza.

Resultados del análisis estadístico
A partir de la encuesta se construyó una base de datos en el programa SPSS. Se consideraron 45 variables, 25 de las cuales se analizaron en forma independiente y las restantes 20 conformando conjuntos de respuestas múltiples, ya que provenían de la respuesta a una misma pregunta. Todas las variables son cualitativas categóricas, excepto la variable edad que es ordinal.
La muestra está conformada por 108 estudiantes, que se distribuyen en las tres carreras de la siguiente manera: 32 (29,6%) son estudiantes de danza clásica, 37 (34,3%) son estudiantes de danza contemporánea y 39 (36,1%) son estudiantes de expresión corporal. El 89 % de los encuestados son mujeres, en tanto que el 10,2% hombres. En cuanto a la edad promedio de los alumnos de cada carrera observamos que para danza clásica es de 20,19 con un desvío Standard de +/- 5,26 (edad mínima 12 años, edad máxima 32 años), para danza contemporánea la media es de 23,81 con un desvió Standard de +/- 4,21 (edad mínima 16 años, edad máxima 35 años) y para expresión corporal el promedio es de 24,18 y el desvío Standard de +/- 4,4 (edad mínima 18 años, edad máxima 35 años). Mientras que para los casos de danza contemporánea y de expresión corporal no se tuvo en cuenta la edad de los informantes al momento de tomar la encuesta, en el caso de danzas clásicas se estableció un mínimo de edad de 12 años, tomando en cuenta que a esta carrera se puede ingresar desde los 8 años, mientras que en las otras no hay alumnos con menos de 15 años. Ese mínimo de edad no fue de 15 años, debido a que la población de alumnos de la carrera de danzas clásicas por sobre esta edad es reducida.
En el análisis estadístico utilizamos tablas de contingencia, análisis de frecuencia, test de chi2, test de diferencia de medias y test de diferencia de proporciones maestrales, aplicados a los resultados de las encuestas. Sólo las respuestas obtenidas a través de preguntas con opciones cerradas fueron factibles de ser analizadas por medio de procedimientos estadísticos. Las respuestas obtenidas a partir de preguntas abiertas fueron sistematizadas pero no se les aplicó
ningún test estadístico.
Esto aportó información acerca de las semejanzas y diferencias entre las respuestas de los tres grupos definidos por la danza que practican, incluyendo la indagación sobre si las diferencias obtenidas en la muestra son o no significativas, y acerca de las relaciones y los grados de dependencia entre distintas variables. En todos los casos se tomará como base de clasificación la variable “danza que practica el/la encuestado/a” y se la comparará con las restantes variables de la base de datos, con el objetivo de ver si puede decirse que se trata de tres grupos o poblaciones diferenciadas.
La aplicación de los procedimientos de análisis estadístico mencionados dio como resultado una serie de relaciones entre variables cuyas diferencias no son estadísticamente significativas, y otra serie en la cual las diferencias son estadísticamente significativas.
No se encontraron diferencias significativas con ninguno de los tests en la relación de las siguientes variables con la variable “danza”. Esto significa que no hay una asociación directa entre el tipo de danza que se practica y la respuesta a la pregunta. Las primeras seis variables corresponden a preguntas con respuestas dicotómicas o con opciones múltiples; y las últimas siete son parte de un grupo de enunciados respecto de los cuales se le solicitaba al encuestado que marque si estaba totalmente de acuerdo, de acuerdo en parte o totalmente en desacuerdo con cada afirmación :
- “¿cuándo vas por la calle qué mirás de otra persona?” (el cuerpo en general / la cara / ciertas partes del cuerpo).
- “¿te gusta mirarte en el espejo?” (frecuentemente / algunas veces / pocas veces / muy raramente).
- “¿cuidás tu alimentación?” (si / no).
- “¿te cuidás el aspecto de tu cuerpo?” (si / no).
- “¿tenés piercing?” (si / no).
-“cuando bailás ¿tenés conciencia de lo que pasa al interior de tu cuerpo?” (frecuentemente / algunas veces / raramente / nunca).
-“el cuerpo es algo frágil y no debe ser violentado”
- “utilizo mi cuerpo como un instrumento”
-“cada uno tiene el cuerpo que ha construido”
- “debemos escuchar a nuestro cuerpo”
- “el cuerpo tiene toda una vida espontánea que no podemos controlar”
- “no pienso en utilizar mi cuerpo, sólo lo vivo”
- “el cuerpo tiene límites que debemos respetar”
En las siguientes variables, se comprobaron diferencias significativas respecto de la variable
“danza”:
- “sexo”: utilizando el test de proporciones muestrales3, se observan diferencias significativas en la proporción de hombres en danzas clásicas y en danza contemporánea respecto de expresión corporal, siendo menor la proporción en esta última; no se encuentran diferencias significativas entre danzas clásicas y danza contemporánea. Es significativa la menor cantidad de hombres en la carrera de expresión corporal.
- “edad”: utilizando el test de diferencia de medias4, hay diferencias significativas en el promedio de edad en expresión corporal y en danza contemporánea respecto de danzas clásicas, siendo menor en esta última. La edad media de la carrera de danza clásica difiere significativamente de la de las otras dos carreras que no presentan diferencia significativa entre sí.
- “en tu entorno ¿es el cuerpo objeto de conversación?” (frecuentemente / algunas veces / raramente / nunca): utilizando el test de proporciones muestrales, se observan diferencias significativas entre danzas clásicas y danza contemporánea, y entre danza contemporánea y expresión corporal., aunque no entre danzas clásicas y expresión corporal. El cuerpo es tema de conversación “frecuentemente” en contemporáneo más que en las otras dos carreras.
- “¿que es lo más importante de tu cuerpo?” (su apariencia / su funcionamiento): utilizando el test de proporciones muestrales, hay diferencias significativas solamente entre danzas clásicas y expresión corporal. Para la mayor parte de los alumnos de expresión corporal y de danza contemporánea, lo más importante es el funcionamiento del cuerpo, y ninguno indicó que lo es la apariencia; sí algunos marcaron ambas opciones. En danzas clásicas aparece el único caso que solamente marcó “su apariencia”. De todos modos, en las tres carreras los mayores porcentajes (en los tres casos, más del 65 %) se concentran en la opción “su funcionamiento”.
- “¿hay circunstancias en las que sentís que tu cuerpo es un obstáculo?” (si/no): utilizando el test de diferencia de proporciones maestrales, hay diferencia significativa para la respuesta afirmativa entre danza contemporánea y expresión corporal. No la hay entre danzas clásicas y danza contemporánea, ni entre danzas clásicas y expresión corporal. La mayor proporción de casos en los que se afirma que en ocasiones el cuerpo se siente como un obstáculo se encuentra entre los alumnos de danza contemporánea. Más detalladamente, las proporciones de respuestas positivas son 34 % para expresión corporal, 46 % para danzas clásicas y 56 % para danza contemporánea.
- “¿tenés tatuajes?” (si / no): utilizando el test de proporciones maestrales, hay diferencia entre las proporciones de respuestas afirmativas en danza clásica y expresión corporal. No la hay entre danzas clásicas y danza contemporánea, ni entre danza contemporánea y expresión corporal. La mayor proporción de personas con tatuajes se encuentra en expresión corporal. De todos modos se trata de proporciones bajas para las tres carreras (no más de 23 %).
- “conozco los recursos que posee mi cuerpo” (estoy totalmente de acuerdo /estoy de acuerdo en parte / estoy totalmente en desacuerdo): utilizando el test de proporciones muestrales, hay diferencias significativas en las proporciones de elección de la opción “estoy totalmente de acuerdo” entre los alumnos de danza contemporánea y expresión corporal respecto de los de danzas clásicas. No hay diferencia en los alumnos de danza contemporánea y expresión corporal entre sí. El porcentaje de personas que afirman estar “totalmente de acuerdo” con esta afirmación es mucho mayor en danzas clásicas (63 %) que en danza contemporánea y expresión corporal (21 % y 32 % respectivamente).
- “debemos utilizar el cuerpo al máximo de sus capacidades” (estoy totalmente de acuerdo /estoy de acuerdo en parte / estoy totalmente en desacuerdo): utilizando el test de diferencia de proporciones muestrales se observan diferencias significativas en las proporciones de la opción “estoy totalmente de acuerdo” entre los alumnos de danzas clásicas y expresión corporal. No hay diferencias significativas entre danza clásica y danza contemporánea, ni entre danza contemporánea y expresión corporal. Los alumnos de danzas clásicas están “totalmente de acuerdo” con “utilizar el cuerpo al máximo de sus capacidades” en un 70 %, en tanto que los de danza contemporánea lo están en un 56 % y los de expresión corporal en un 42 %.
- “me gusta llevar mi cuerpo al extremo de sus límite” (estoy totalmente de acuerdo / estoy de acuerdo en parte / estoy totalmente en desacuerdo): aplicando el test de chi cuadrado para pruebas de independencia5, se obtiene una diferencia significativa que indica que hay una relación de dependencia entre la danza que se practica y el grado de acuerdo o desacuerdo con esta afirmación. Utilizando el test de diferencia de proporciones muestrales, se observan diferencias significativas en la proporción de alumnos que selecciona la opción “estoy totalmente de acuerdo” de expresión corporal respecto de los de danzas clásicas y de los de danza contemporánea, en tanto que no se observan diferencias significativas entre danzas clásicas y danza contemporánea. Ningún alumno de expresión corporal estuvo totalmente de acuerdo con esta afirmación, en tanto que si lo estuvo el 29 % de los alumnos de danza contemporánea y el 33 % de los alumnos de danza clásica.
- “se debe dejar que el cuerpo viva como quiera” (estoy totalmente de acuerdo / estoy de acuerdo en parte / estoy totalmente en desacuerdo) Aplicando el test de diferencia de proporciones muestrales se observa una diferencia significativa para estar totalmente de acuerdo con esta afirmación entre danzas clásicas y expresión corporal. No se observa diferencia en el caso de danza contemporánea respecto de danzas clásicas ni de expresión corporal. De todos modos la elección de la opción “estoy totalmente de acuerdo” no presenta porcentajes elevados en ninguno de los grupos (19 % en expresión corporal, 8 % en danza contemporánea y 3 % en danza clásica).
- “para aprender a bailar es necesario empezar desde una edad temprana” (estoy totalmente de
acuerdo / estoy de acuerdo en parte / estoy totalmente en desacuerdo): aplicando el test de chi
cuadrado para pruebas de independencia, se obtiene un resultado significativo que indica que hay dependencia entre la danza practicada y el grado de acuerdo con esta afirmación. Utilizando el test de diferencia de proporciones muestrales se observan diferencias significativas en la proporción de alumnos que afirman estar “totalmente de acuerdo” entre los alumnos de danzas clásicas respecto de danza contemporánea y de expresión corporal. Por el contrario no se observa una diferencia significativa de las proporciones de danza contemporánea y expresión corporal entre sí. De los alumnos de danzas clásicas, el 48 % está totalmente de acuerdo con esta afirmación, en tanto que en danza contemporánea sólo lo está el 8 % y en expresión corporal sólo el 2 %.
- “todos pueden bailar” (estoy totalmente de acuerdo / estoy de acuerdo en parte / estoy totalmente en desacuerdo): utilizando el test de diferencia de proporciones muestrales, se observan diferencias significativas en la proporción de encuestados que responden estar “totalmente de acuerdo” en expresión corporal respecto de danzas clásicas y de danza contemporánea. Entre los alumnos de danzas clásicas y danza contemporánea no se observan diferencias significativas. El 97 % de los alumnos de expresión corporal encuestados se mostró totalmente de acuerdo con este enunciado, de los alumnos de danza contemporánea el 75 % y de los de danza clásica el 57 %.
Para el análisis estadístico de los conjuntos de respuesta múltiple se utilizaron las tablas de contingencia y el test de proporciones muestrales. Para el conjunto formado por las opciones seleccionadas ante el enunciado “a tu entender el aspecto físico de una persona revela” (su carácter / su moralidad / su salud / su modo de vida / su posición social / ninguna de las opciones) se observa que los alumnos de danza clásica seleccionaron “su modo de vida” en un 75 % de los casos, “su salud” en un 62 %, “su posición social” en un 12%, y las demás opciones en proporciones menores al 10%. Los alumnos de danza contemporánea seleccionaron “su modo de vida” en un 62 %, “su salud” en un 51 %, “su carácter” en un 32 %, “su posición social” en un 16 % y las demás respuestas en proporciones menores. Los alumnos de expresión corporal por su parte seleccionaron “su modo de vida” en un 76 %, “su salud” en un 58 %, “su carácter” en un 26 % y las demás opciones en menos del 10 %.
Aplicando el test de proporciones muestrales se observa una diferencia significativa únicamente para la elección de la opción “su carácter” entre los alumnos de danzas clásicas y danza contemporánea. Estos últimos seleccionaron dicha opción en una mayor proporción que los demás.
Para el conjunto de respuestas múltiples formado por las respuestas a la pregunta “¿de dónde proviene el conocimiento que tenés de tu cuerpo?” (de lo que aprendiste en tus estudios / de lecturas que has hecho / de cosas que viste en la televisión / de cosas que aprendiste de tu entorno / de tu experiencia personal / de tu médico) se observan los siguientes porcentajes: los alumnos de danzas clásicas eligen en un 90 % la opción “de lo que aprendiste en tus estudios”, en un 33 % la opción “de lecturas que has hecho”, en un 16 % “de cosas que viste en la televisión”, 56 % “de cosas que aprendiste en tu entorno”, 50 % “de tu experiencia personal”, y 26 % “de tu médico”. Los alumnos de danza contemporánea eligen en un 72 % la opción “de lo que aprendiste en tus estudios”, en un 53 % “de lecturas que has hecho”, en un 11 % “de cosas que viste en la televisión”, 66 % “de cosas que aprendiste en tu entorno”, 75 % “de tu experiencia personal”, 22 % “de tu médico”. Los alumnos de expresión corporal eligen en un 68 % la opción “de lo que aprendiste en tus estudios”, en un 42 % la opción “de lecturas que has hecho”, en un 10 % “de cosas que viste en la televisión”, 55 % “de cosas que aprendiste en tu entorno”, 79 % “de tu experiencia personal”, 13 % “de tu médico”.
Aplicando el test de proporciones muestrales se observa una diferencia significativa en la elección de la opción “de tu experiencia personal” entre danzas clásicas y expresión corporal. Es significativamente mayor la proporción de alumnos de expresión corporal que seleccionan la experiencia corporal personal como fuente conocimiento. También se observa una diferencia significativa en la elección de la opción “de lo que aprendiste en tus estudios” entre danzas clásicas y expresión corporal; en este caso son los alumnos de danzas clásicas los que presentan un mayor porcentaje de elección de esta opción.
El análisis del conjunto de respuestas múltiples para las respuestas a la pregunta: “¿cuáles son
las ocasiones en que tomás conciencia de tu cuerpo?” arroja los siguientes resultados: los alumnos de danzas clásicas eligen las opciones relacionadas con la actividad en un 45 %, con la morbilidad en un 30 %, con la funcionalidad en un 14 % y con el placer en un 10 %. Los alumnos de danza contemporánea eligen las opciones relacionadas con la actividad en un 41 %, con el placer en un 30 %, con la morbilidad en un 19 % y con la funcionalidad en un 10 %.
Los alumnos de expresión corporal eligen las opciones relacionadas con la actividad en un 50 %, con el placer en un 28 %, con la morbilidad en un 19 % y con la funcionalidad en 3 %.
Utilizando el test de proporciones muestrales para este conjunto de respuestas se puede observar una diferencia significativa en la proporción de opciones relacionadas al placer en los alumnos de danza clásica respecto de los de danza contemporánea y de los de expresión corporal. En los alumnos de danza clásica la proporción que elige las opciones vinculadas al placer es mucho menor.
Utilizando el test de proporciones muestrales para este conjunto de respuestas se puede observar una diferencia significativa en la proporción de opciones relacionadas al placer en los alumnos de danza clásica respecto de los de danza contemporánea y de los de expresión corporal. En los alumnos de danza clásica la proporción que elige las opciones vinculadas al placer es mucho menor.
El análisis del conjunto formado por la respuesta a la pregunta “¿qué productos utilizás para el cuidado del cuerpo?” muestra que los alumnos de danzas clásicas utilizan cremas en un 85 %, maquillajes en un 40 %, tinturas en un 18 % y otros productos en proporciones menores. Los alumnos de danza contemporánea utilizan cremas en un 95 %, maquillajes en un 41 %, productos capilares en un 16 % y otros productos en proporciones menores. Los alumnos de expresión corporal utilizan cremas en un 85 %, aceites, exfoliantes (en general cepillos), maquillajes y tinturas, todos ellos en proporciones entre 10 % y 15 % y otros productos en proporciones menores. Aplicando el test de proporciones muestrales se observa una diferencia significativa en el uso de maquillajes en los alumnos de expresión corporal respecto de los de danzas clásicas y los de danza contemporánea. También es significativa la diferencia en el uso de exfoliantes entre los alumnos de expresión corporal respecto de los de danzas clásicas. Los alumnos de expresión corporal usan proporcionalmente menos maquillaje y más exfoliantes. Precisamente este último es un detalle para cuya comprensión nos ha sido útil la experiencia personal como alumnas de la carrera de danza – expresión corporal, y los relatos de informantes de esta carrera: una de las profesoras de la carrera, explica y recomienda en sus clases la práctica de la exfoliación mecánica de la piel.
A modo de síntesis del análisis estadístico puede observarse que los tres grupos definidos por la danza qua practican los encuestados se comportan como poblaciones diferentes ante 12 de las 20 variables analizadas de manera independiente. En el caso de los conjuntos de respuesta múltiple se encuentra para cada uno al menos una variable respecto de la cual los grupos analizados difieren significativamente entre sí. Sin embargo es difícil extraer conclusiones de estos conjuntos ya que la abundancia de opciones produce distribuciones de respuestas muy dispersas.
De la aplicación de los tests de diferencia de proporciones muestrales se obtuvieron un total de 33 diferencias significativas entre los pares de danzas comparados en cada caso que se distribuyen de la siguiente manera: 7 para el par danza clásica-danza contemporánea, 8 para el
par danza contemporánea-expresión corporal y 18 para el par danza clásica-expresión corporal. Esto distribución permite concluir que las representaciones corporales entre los alumnos de la carrera de expresión corporal difieren de las de los alumnos de danza clásica en
una proporción significativamente mayor de lo que difieren entre sí las representaciones corporales de los alumnos de danza clásica respecto de los de danza contemporánea y las de los alumnos de danza contemporánea respecto de los de expresión corporal.

Estadística y autoetnografía: enfoques diferenciados y articulaciones posibles
Gran parte del debate teórico-metodológico en el campo de las ciencias sociales ha girado en torno a los objetivos de dichas ciencias, y a su capacidad de generar un conocimiento objetivo por medio de la utilización de procedimientos rigurosos, explicitables y reproducibles que permitieran arribar a conclusiones sistemáticamente demostrables. En relación a este debate, podemos identificar, esquemáticamente, dos grandes tendencias: una tendencia de orientación cientificista y positivista, que persigue la objetividad y la rigurosidad, generalmente tomando como referencia las ciencias experimentales; y una tendencia de orientación subjetivista y comprensivista, que más que aspirar a generalizaciones sobre fenómenos reproducibles y predecibles, busca comprender las peculiaridades individuales y únicas de sus objetos por medio de la empatía (la posibilidad que tiene el investigador, como ser humano, de colocarse en el lugar del otro para comprender el resultado de sus actos).
La antropología, y en general las ciencias sociales, nacieron a fines del siglo XIX, bajo la influencia de la discusión entre las tendencias positivistas y anti-positivistas, que se venía dando en la filosofía de la ciencia. En sus paradigmas de investigación fundacionales se presentan evidencias tanto del interés por adoptar el modelo de las ciencias naturales con el fin de ser reconocidas como “verdaderas ciencias”, y de la intención de elaborar objetos de estudio y métodos propios de cada ciencia social, de acuerdo con la concepción positivista de ciencia. De acuerdo a Georg von Wrigth (1979), al apogeo del positivismo a mediados del siglo XIX le sucedió una reacción antipositivista hacia finales del siglo XIX y comienzos del XX6, luego de lo cual, en las décadas que mediaron entre las dos guerras mundiales resurgió el positivismo con más fuerza y vigor que nunca. Este nuevo movimiento fue llamado positivismo lógico, empirismo lógico o neopositivismo. El autor señala que en los últimos cien años, la filosofía de la ciencia ha adherido a una de las dos posiciones opuestas: despuésde Hegel advino el positivismo; luego de la reacción antipositivista vino el neopositivismo y ahora el péndulo tendería de nuevo hacia el comprensivismo y la hermenéutica.
Otro modo de delimitar tipos de diferente de investigación que muchas veces han polarizado las investigaciones en ciencias sociales, es la distinción entre análisis cuantitativo y cualitativo. El enfoque cuantitativo es una estrategia de conocimiento que, partiendo de un muestreo estadístico que busca la representatividad estadística, opera contabilizando “la cantidad de unidades, hechos, fenómenos, unidades, etc. ya conocidos para conocer su distribución según variables o criterios de relevancia preestablecidos por el marco teórico” (Rodríguez, 2009:10). El enfoque cualitativo es una estrategia de conocimiento que busca relevar e identificar distintos tipos de hechos, unidades, fenómenos, etc., para aplicar operaciones analíticas con las que “se los clasifica, agrupa, relaciona, compara, para enumerar sus características, cualidades o atributos” (idem), por comprensión.
Las dos herramientas metodológicas principales que nos hemos propuesto utilizar en este trabajo podrían ubicarse en los polos opuestos de estos debates: por una lado, la estadística, disciplina con base matemática que, mediante la recolección, análisis e interpretación de datos, intenta encontrar regularidades en fenómenos de tipo aleatorio, ha sido un recurso indispensable para quienes se han orientado hacia la búsqueda de la objetividad y la rigurosidad en las ciencias sociales; además de poner orden y sistematicidad en los datos, y de brindar métodos que pueden ser aplicados por igual para analizar diferentes tipos de hechos.
Siendo transversal a una amplia variedad de disciplinas (desde la física hasta las ciencias sociales), posibilita una aproximación al tan pretendido monismo metodológico que permite cumplir con uno de los principales criterios de demarcación del conocimiento científico propuestos por el positivismo: que las operaciones que permiten arribar a las conclusiones sean reproducibles por cualquier observador.
Por otro lado, situándose en el otro extremo del mencionado debate, la autoetnografía, surge en el contexto de la crisis de confianza en las ciencias sociales que empieza a emerger en la segunda mitad del siglo XX, haciéndose más notoria a partir de los años ‘70, en consonancia con el debilitamiento de la utopía de acumulación y progreso y del paradigma científico positivista, que habilita la pregunta acerca de si la tan aclamada objetividad es posible y aún deseable. Es por eso que, lejos de buscar la rigurosidad, el orden y la reproducibilidad de los mecanismos por los cuales se arriba a las conclusiones, la autoetnografía, es una estrategia netamente subjetivista, interpretativa y comprensivista, basada en la premisa de que el único modo posible de comprender los fenómenos humanos es poniéndolos en relación con la propia experiencia vital del investigador. Esta experiencia, así como su relación con el fenómeno que se estudia e intenta comprender, si bien es factible de ser compartido mediante un relato, es por definición irreproducible e imposible de ser atravesado por un orden que seencuentre por encima de las formas en las que cada investigador lo está pensando. En el marco de la consideración de las vidas concretas y las experiencias personales como fuente de conocimiento, el relato en primera persona es reivindicado hasta el punto de que el conocimiento en sí no deja de ser una narración más que participa en el mundo de las narraciones sobre la vida. La autoetnografía es una mirada que recorre un camino de ida y vuelta entre lo social y lo personal; en esta ida y vuelta, la frontera entre lo personal y lo social se diluye (Ellis y Bochner citado en Feliu, 2007:267). Un representante de esta perspectiva es Renato Rosaldo (1989), quien utiliza su propia experiencia en función del análisis científico, proponiendo la sensibilización y la reflexión sobre las experiencias emocionales como una manera de acercarse al objeto observado. Lejos de intentar mantener la distancia o dejar a un lado las experiencias personales, Rosaldo las considera como una fuente o punto de partida desde el cual acercarse al fenómeno a estudiar. También destaca la importancia de que el etnógrafo no pierda de vista ni deje de explicitar su posición en tanto “sujeto ubicado”, refiriéndose al lugar desde el cual el investigador observa y entra en relación con el fenómeno a estudiar y a la forma en que sus experiencias personales le permiten comprender algunas cuestiones mejor que otras, echando luz sobre ciertas aristas y oscureciendo otras.
Tradicionalmente, la investigación en antropología social se ha caracterizado por realizar estudios a escala micro, utilizando una metodología de tipo cualitativa, apoyada principalmente en la observación con grados de participación variables, la realización de entrevistas en profundidad y demás aproximaciones basadas en contactos cara a cara con los sujetos de investigación. Sin embargo, a medida que la disciplina antropológica fue intercambiando teoría y metodología con otras ciencias sociales, los enfoques cualitativos comenzaron a combinarse con métodos de tipo cuantitativo, volviéndose casa vez más frecuente la utilización del análisis estadístico. La estadística, ha sido utilizada en el marco de la antropología social, con objetivos diversos según las características de la investigación en la cual se encuadre. En algunos casos la estadística se utiliza en los inicios de la investigación para obtener un diagnóstico de la situación que luego va a ser analizada en profundidad por medio de una metodología cualitativa. En otros casos, el análisis estadístico se encuentra presente a lo largo de toda la investigación y sus resultados aportan el cuerpo principal de la misma.
En ponencias anteriores (Mora, 2008; del Mármol y otros, 2008), hemos desarrollado la idea de que sólo es posible llegar a la comprensión de los fenómenos sociales, especialmente aquellos que se vinculan con emociones o con representaciones y experiencias del cuerpo, considerando, junto con los materiales etnográficos, la propia experiencia, es decir, tomando la propia subjetividad como un recurso valioso que es necesario y deseable utilizar y no como algo que contamina la investigación y en consecuencia es preciso erradicar. Proponemos ahora que el recurso de la autoetnografía es igualmente útil al ponerlo en vinculación con modos análisis más “duros”, como lo es la estadística.
Luego de lo expuesto en este apartado, podría arribarse a la conclusión de que la utilización de la estadística junto con la autoetnografía, sobre todo en el marco de un trabajo etnográfico que se encuentra mucho más cerca de las tendencias comprensivistas que de los anhelos objetivistas, resultaría incompatible o contradictorio. Sin embargo a lo largo del desarrollo del
análisis objeto del presente trabajo, fuimos encontrando las maneras en que ambas herramientas metodológicas podían volverse complementarias
El aporte de la experiencia personal en vinculación con el análisis estadístico
A lo largo del trabajo etnográfico del que partió esta ponencia, se fue haciendo cada vez más presente la importancia del recurso autoetnográfico y la participación observante, que han resultado de gran utilidad para diseñar instrumentos de recolección de datos y para comprender las prácticas observadas y las representaciones y experiencias presentes en los relatos de los entrevistados. Dado que se ha estado investigando sobre una práctica que se transmite de un modo corporizado, es decir, de cuerpo a cuerpo, en el trabajo de campo se hace necesario incluir instancias en que quien lo realiza hace entrar su propio cuerpo en la práctica que estudia, para completar la información obtenida durante las observaciones y las entrevistas. Siempre que esto sea posible, en los estudios que se ocupan de las prácticas, representaciones y experiencias corporales, el análisis sólo cobra sentido por completo al ser puesto en relación con la experiencia práctica personal del investigador.
Al planificar y realizar el análisis estadístico, aquellos recursos que apelan a la experiencia personal de quien lleva a cabo la investigación, también tuvieron lugar, a lo largo de sus distintas instancias: la construcción de la encuesta y la elección de las categorías de análisis, su distribución y aplicación, la interpretación de las respuestas y de los resultados de los tests aplicados a las mismas. Más aún: el hecho de que la encuesta haya sido revelada y analizada estadísticamente por parte de las tres autoras, ha sido aún más enriquecedor, ya que no es una sino tres experiencias, tres vidas que se han puesto en común y a disposición de la comprensión de los resultados de la encuesta. Las tres hemos pasado por la Escuela de Danzas como alumnas en distintos momentos de nuestras vidas, transitando al menos por alguna de las tres carreras.
Muchas veces la presencia de lo subjetivo por detrás de, o junto a, los instrumentos que se supone que permiten arribar a conclusiones relativamente objetivas, es ocultada por los investigadores, entendiéndolo como un resto de subjetividad que debe obviarse para no empañar la cientificidad. Pero aquí planteamos que es justamente esa presencia, la de esos saberes provenientes de nuestras experiencias detrás de la interpretación de los datos aportados por los tests, lo que le da fuerza a dicha interpretación, y, aún antes que esto, la que ha permitido desarrollar instrumentos de recolección de datos adecuados y analizarlos.
La utilización de dos modos de abordaje tan opuestos como son la etnografía y la estadística, permite matizar algunas de las debilidades que cada uno de estos enfoques presenta en su utilización por separado. En las estrategias de investigación cualitativas, es posible trabajar a partir de un número reducido de casos, y abordarlos con mayor profundidad y detalle, considerando las dimensiones subjetivas y en especial la perspectiva de los actores. La flexibilidad constitutiva del diseño de investigación con metodologías cualitativas, permite modificar elementos de la investigación mientras se la está realizando, posibilitando reformar los instrumentos de recolección de datos y los ejes de indagación, entre otras cosas, dando lugar a todo aquello que no se había considerado al momento de planificar el trabajo y que puede surgir en el curso del trabajo de campo o del proceso de análisis. Pero el enfoque cualitativo, al tener una menor estandarización de los métodos de análisis, no permite generalizar más allá de los casos observados, ni predecir, ni conocer el margen de error de los resultados. Las estrategias cuantitativas, en tanto, al contar con un mayor desarrollo y estandarización de los métodos de análisis, permiten establecer generalizaciones y conocer el margen de error con precisión, pero no hace posible conocer las significaciones subjetivas ni el punto de vista del actor, y además hacen necesario trabajar con un gran número de casos.
La menor profundidad y detalle del modo de análisis cuantitativo, y la ausencia de la perspectiva de los sujetos estudiados, puede compensarse en parte cuando la encuesta de la que parte se desarrolla tomando en consideración cuestiones que han surgido del trabajo de campo o de la experiencia práctica personal de quien investiga. En nuestro caso, las preguntas de la encuesta fueron realizadas partiendo de la información obtenida por métodos cualitativos, cuando en general en muchas investigaciones se comienza al revés, con una encuesta de prospección, a partir de la cual se diseñan entrevistas y observaciones. Y apuntan principalmente a conocer la perspectiva de los actores; para cumplir con este objetivo, inclusive se ha decidido incluir preguntas abiertas, cuyas respuestas no podrían ser objeto de análisis estadístico, pero que sí podrían analizarse con otros métodos no estadísticos.
Aún en el caso de varias de las preguntas cerradas o semi-abiertas, muchas de las respuestas obtenidas que, según el análisis estadístico, no presentaban diferencias significativas, sí presentaban diferencias sustanciales cuando se las ponía en relación con las respuestas a preguntas abiertas que se les asociaban. Aunque no sería posible decir que esas diferencias encontradas en el contenido de las respuestas a preguntas abiertas sean estadísticamente significativas, la aplicación de operaciones de análisis propias de los enfoques cualitativos (como por ejemplo la semiótica de enunciados), permitían agrupar respuestas y establecer relaciones. Junto con esto, para comprender el sentido de algunas de las respuestas abiertas fue necesario recurrir al saber obtenido en la experiencia personal de las investigadoras.
Por último, la información obtenida por medio de la encuesta permitió precisar la comprobación que se estaba tendiendo a obtener durante el trabajo, en cuanto a que las tres carreras cursadas en la Escuela de Danzas constituían tres grupos diferenciados. Las diferencias entre las carreras de danza clásica, danza contemporánea y expresión corporal existen y son significativas, siendo artes del movimiento que se han constituido en diferentes contextos históricos, en relación con diferentes concepciones sobre el cuerpo, el movimiento y el sujeto, y que estas diferencias están presentes en las prácticas, representaciones y experiencias de quienes hoy las enseñan y aprenden. El análisis estadístico no comprueba diferencias significativas entre las carreras en todos los aspectos que aborda la encuesta, pero sí permite delimitar cuáles son las diferencias significativas, y el alcance y la distribución de las diferencias que detecta.
Todo esto implica que, lejos de tener que decidir entre los resultados obtenidos por medio de observaciones, entrevistas y participación, por un lado, y el análisis estadístico, por otro, lo más útil es prestar atención a las preguntas que los métodos de análisis pueden hacerse uno al otro.

Bibliografía
- Dilthey, Guillermo (1944[1883]) Introducción a las ciencias del espíritu. México: Fondo de Cultura Económica
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Sobre el aporte de la Antropología del Cuerpo a las Ciencias Sociales

(Ponencia presentada en las X Jornadas Rosarinas de Antropología Social de la Universidad Nacional de Rosario)

Mariana del Mármol
Natalia Mariana Pagano
Mariana Sáez
Introducción.
Nos gustaría comenzar esta ponencia aclarando que nuestro objetivo es, ante todo, que ésta sirva como disparador, como punto de partida o, simplemente como excusa para discutir y compartir una problemática con la que solemos cruzarnos quienes, desde las ciencias sociales, intentamos iniciarnos en el camino de la investigación ocupándonos de temáticas como la danza y otras prácticas vinculadas al arte o al trabajo corporal.
Al comentar nuestros intereses de investigación a nuestros profesores o posibles directores, fundamentalmente cuando nos encontramos en ámbitos académicos en los cuales aún no existen espacios institucionalizados dedicados a los estudios sobre cuerpo, solemos recibir una misma gama de respuestas: ¿Qué aporte puede hacer ese tipo de estudio a las ciencias sociales? ¿Son realmente las representaciones y prácticas corporales vinculadas al arte un objeto de investigación digno de interés para la ciencia actual? Y, finalmente, Existiendo en la actualidad tantas problemáticas sociales relacionadas con la desigualdad, la marginalidad y la exclusión social ¿no deberíamos, quienes nos dedicamos a las ciencias sociales abocarnos al estudio específico de dichas problemáticas?
Estos interrogantes, ante los cuales tenemos muchas más intuiciones que respuestas, fueron los que impulsaron la búsqueda que se encuentra detrás de esta ponencia y orientarán, en cierta medida, el recorrido que propondremos a lo largo de la misma.
Dicho recorrido estará compuesto por tres etapas: en primer lugar, intentaremos delimitar el problema que se nos plantea al preguntarnos de qué hablamos cuando nos referimos al cuerpo desde la antropología o desde las ciencias sociales. Esta pregunta nos remite a una respuesta heterogénea e inacabada que casi inmediatamente nos enfrenta a una nueva pregunta: cuando desde las ciencias sociales hablamos del cuerpo ¿estamos todos hablando de lo mismo?¿de qué cuerpo estamos hablando?
A continuación, en parte para seguir ampliando la respuesta a dicha pregunta, revisaremos la propuesta de tres autores que, desde la filosofía, abordan la cuestión de la corporalidad desde perspectivas diferentes entre sí pero opuestas a las tendencias dualistas que caracterizaron el pensamiento racionalista dominante en occidente. Nos referimos a Maurice Merleau-Ponty, Frederick Nietzsche y Judith Butler. Estos tres autores, no sólo nos ofrecen formas de entender el fenómeno del cuerpo de una manera distinta a la que prevaleció en los paradigmas filosóficos dominantes, sino que además nos permitirán poner en cuestión las lógicas de pensamiento y acción que han orientado y orientan los modos de hacer ciencia legitimados por la racionalidad occidental. Finalmente, nos aproximaremos al concepto de performance, como categoría analítica que pone de manifiesto la capacidad del cuerpo y el arte, no solo de representar sino también de cuestionar, parodiar, criticar el orden social y de este modo interpelarlo y, por qué no, transformarlo mediante su intervención activa.

I.
Desde la antropología y la sociología actuales, la construcción del cuerpo como objeto de investigación es amplia y heterogénea. Sin embargo, en la base de esta heterogeneidad puede encontrarse un punto en el que las diferentes perspectivas confluyen: la oposición a la idea del cuerpo como objeto natural, cuyo abordaje correspondería exclusivamente al dominio de la biología. Los estudios socioantropológicos sobre el cuerpo deconstruyen esta idea del cuerpo como un mero objeto natural al mostrarlo como una construcción sociocultural, reconociendo en la corporalidad un elemento constitutivo de los sujetos.
Dentro de la multiplicidad de modos de construir el cuerpo como objeto de estudio presente en los estudios socioantropológicos, pueden reconocerse tres grandes tendencias o niveles de análisis que nos permiten visualizar los tres cuerpos a los que se refirieron las antropólogas Nancy Scheper-Hughes y Margaret Lock.
- En primer lugar nos encontramos con un cuerpo social, que emerge en relación con los usos representacionales del cuerpo como símbolo natural a partir del cual se piensa la naturaleza, la sociedad, la cultura y, a la inversa, la sociedad, la naturaleza y la cultura como modelos a partir de los cuales pensar el cuerpo. El cuerpo es visto desde esta perspectiva como producto de un conjunto de sistemas simbólicos socialmente compartidos y atravesado por significaciones que constituyen la base de su existencia individual y colectiva. Dentro de esta línea, afín al estructuralismo y al simbolismo, podemos ubicar los trabajos de Claude Lévi Strauss, Mary Douglas, Françoise Héritier, Clifford Geertz, y David Le Bretón entre otros.
- En segundo lugar encontramos el cuerpo político, referido a la regulación, vigilancia y control de los cuerpos ya sean individuales o colectivos. De este modo, el cuerpo es visto como lugar de inscripción de los discursos sociales, atravesado por dispositivos de disciplinamiento, normalización, vigilancia y control. Esta tendencia se correspondería con los aportes del post-estructuralismo, dentro de los cuales encontramos las obras de Michael Foucault, Giorgio Agamben, Margaret Lock y Judith Butler.
- En tercer lugar, hallamos el cuerpo individual, en el sentido fenomenológico de la experiencia vivida del body-self. Esta línea de análisis retoma la noción de ser-en-el- mundo de Merleau-Ponty y se expresa en la perspectiva del embodiment proponiendo “una aproximación fenomenológica en la que el cuerpo vivido es un punto de partida metodológico antes que un objeto de estudio”(Csordas, 1993: 136). El punto de partida de esta tendencia es la crítica a los enfoques netamente representacionales que perciben al cuerpo sólo como signo o símbolo pasivo e inerte que plantea la necesidad de destacar su carácter activo y transformador.
Teniendo el cuenta el estado actual de las discusiones dentro del campo socioantropológico de los estudios sobre cuerpo, muchos de quienes nos iniciamos en las reflexiones relativas a este campo consideramos que ciertas cuestiones, tales como el hecho de que el cuerpo es una construcción social que se realiza fundamentalmente a través del lenguaje, son, más que un objeto de discusión, un punto de partida desde el cual podemos seguir avanzando para pensar en otras cosas. En sintonía con muchas de las propuestas más actuales que se han realizado desde el campo de la antropología del cuerpo, creemos indispensable seguir desentrañando la cuestión de la irreductibilidad de los cuerpos y de las prácticas corporales a los discursos sociales que en ellos se inscriben.
Sin embargo, frecuentemente, al plantear entre colegas provenientes de otras disciplinas dentro de las ciencias sociales la idea de que el cuerpo es, sin dudas, una representación, pero no se reduce a eso, y que hay una materialidad del cuerpo, que no puede terminar de definirse en términos del lenguaje, notamos que hay una persistencia de la idea de que si hay un cuerpo más allá del lenguaje y de la representación no puede ser otra cosa que un cuerpo biológico.
Nosotras pensamos que no necesariamente es así, que hay algo más allá, irreductible tanto a la biología como al lenguaje. La materialidad a la que nos referimos no necesariamente tiene que ser pensada en términos orgánicos, porque además, en última instancia esos términos orgánicos también están definidos por medio del lenguaje.
Dentro de la filosofía encontramos autores que plantean la cuestión de lamaterialidad del cuerpo en un sentido que podría ser definido como extralingüísitco, prelingüístico o quizás hiperlingúistico. Consideramos que revisar sus aportes resulta imprescindible a la hora de seguir desentrañando esta cuestión, fundamentalmente si pretendemos generar un diálogo transdisciplinario en torno a un objeto que, afortunadamente, siempre será extremadamente complejo pero que no por eso debe estar necesariamente fragmentado.
A continuación recorreremos las propuestas de Maurice Merleau Ponty, Frederick Nietzsche y Judith Butler en relación a esta cuestión. Consideramos que los diferentes enfoques que plantean pueden aportarnos herramientas sumamente valiosas a la hora de enriquecer nuestra mirada sobre los complejos vínculos existentes entre la representación y la corporalidad.

II.
Si revisamos brevemente la tradición de pensamiento occidental desde Platón hasta la modernidad, encontraremos una cierta constancia en las maneras de definir al hombre que, más allá de las profundas diferencias que fueron marcando cambios en el pensamiento a lo largo de las épocas, ha sido definido por las voces hegemónicas de occidente como un ser compuesto por una entidad material (el cuerpo) y una entidad inmaterial (el alma, la mente, el espíritu) siendo esta última entidad la responsable de conferirle sus características exclusivamente humanas, diferenciándolo de los animales, confiriéndole el intelecto y la capacidad de razonar y posibilitándole algún tipo de trascendencia a su efímera existencia. Este dualismo, que aparece recurrentemente en los modos dominantes de definir al hombre en occidente, es sólo una de las formas en los que se expresa el binarismo excluyente y jerarquizante que estructura el pensamiento occidental. Este binarismo, no sólo opone lo material a lo inmaterial, el cuerpo al alma, lo sensible a lo inteligible, sino también lo falso a lo verdadero, lo terrenal a lo divino, la mujer al hombre, la pasión a la razón... subsumiendo, en todos los casos el primero al segundo de los términos mencionados.
Desde momentos históricos y contextos teóricos distintos, los tres autores que presentaremos a continuación se oponen, denuncian, critican esta lógica binaria estructurante del pensamiento occidental, poniendo en duda la fe en la razón, la centralidad de la palabra, la confianza en lo constante e inmutable y el menosprecio al cuerpo, para resaltar el valor de la percepción, la fuerza del movimiento, y el carácter ilusorio y ficcional de lo inmutable, dándole, de este modo, un lugar central a la corporalidad.
La filosofía de Nietzsche confronta con el dogmatismo de esta lógica binaria, y fundamentalmente con la racionalidad socrática, el dualismo platónico y la moral cristiana.
Nietzsche se opone a la idea platónica según la cual este mundo cambiante, sensible e imperfecto es el producto residual de otro mundo estático, suprasensible y perfecto. Sostiene que el mundo suprasensible no es más que una ilusión, una ficción, una fantasía que niega la única realidad, la experimentada por nosotros, y que la infravaloración de esta realidad sensible y cambiante no se debe a su imperfección, sino a la limitación de la razón humana, que por valerse de categorías inmutables, es incapaz de conocerla. Esta negación del mundo sensible es para Nietzsche una reacción antivital. En este mismo sentido acusa a la moral cristiana por ir en contra de los instintos vitales, ya que al igual que en el platonismo su centro de gravedad no está en este mundo sino en el más allá, por tratarse de una moral trascendente que no gira en torno al hombre sino en torno a Dios.
La crítica de Nietzsche se dirige también al lenguaje conceptual, ya que contribuye a afianzar el engaño metafísico acerca de la realidad. Frente al lenguaje de la razón, Nietzsche propone la construcción de un nuevo lenguaje, el lenguaje del arte, de la vida, de la ambivalencia, el lenguaje de la imaginación, basado en la metáfora, la alusión, la ironía, el movimiento, el arte, la creación, que permitirá encontrar un nuevo sentido en las palabras.
La corporalidad toma importancia para este autor en tanto que es la experiencia del movimiento lo que posibilita la acción transformadora del sujeto sobre el mundo y sobre sí mismo. Esto se vincula íntimamente con sus ideas acerca de la voluntad de poder. La voluntad de poder reside en el cuerpo, es un poder que se ejerce desde el cuerpo y nos mueve a actuar sobre el mundo, siendo la creación su fuerza fundamental.
Esta voluntad de poder se encuentra estrechamente ligada a la idea de potencia. Para Nietzsche, lo que puede es, en tanto que es potencia, es afirmación, la vida es exceso en devenir, siempre en movimiento. En este sentido, es importante aclarar que la voluntad de poder no debe considerarse como una aspiración o afán de dominio sobre algo o alguien, sino que debe ser entendida como creación, como devenir de la vida, como impulso que lleva a hallar formas superiores de existencia.
Como puede verse, los términos del racionalismo son invertidos por Nietzsche: el espíritu es concebido como instrumento del cuerpo y el cuerpo como “la razón en grande, la voluntad que obra como ‘yo’” (Nietzsche, 1995 [1882]: 54).
Para nosotras que estamos pensando en el cuerpo, en cuerpos en movimiento, en cuerpos haciendo arte, la propuesta de Nietzsche nos resulta doblemente valiosa tanto por la centralidad que da al cuerpo y al movimiento como por el lugar que otorga al arte.
Desde una aproximación fenomenológica y tomando como punto de partida el estudio de la percepción, Maurice Merleau-Ponty también confronta con la lógica centrada en la razón que caracteriza al pensamiento occidental y, fundamentalmente, con la oposición sujeto/objeto prescripta por el dualismo cartesiano.
La búsqueda central de Merleau.-Ponty se encamina, en palabras de Malena Costa (2006) “hacia un espacio de apertura, hacia una búsqueda de una relación entre términos no opuestos (...) una relación entre dos términos definidos por su ambigüedad: ya no se trata de un sujeto cerrado sobre la propia autorreferencialidad de su logos frente a un mundo-objeto acabado y abarcable que es percibido.”
Mientras el sujeto cartesiano es autosuficiente, en el sentido de que es la condición de posibilidad de su propia existencia, el sujeto merleaupontyano no puede existir por fuera de su relación con el mundo, es un “ser-en-el-mundo” o un ser “hecho carne con el mundo”. Este vínculo del sujeto con el mundo se da a través de la relación perceptiva de la que el cuerpo es el vehículo. La conciencia que define al sujeto es una conciencia encarnada. En este sentido, el concepto de carne hace referencia a un sintiente-sensible, dos aspectos reversibles e inseparables de una y la misma existencia, por un lado el sintiente, el sujeto que ve, que toca, y por otro el sensible, el sujeto-objeto que es visto, que es tocado (Citro, 2006).
El cuerpo nos permite un saber previo al saber objetivo en tanto que se ubica anteriormente al pensamiento reflexivo y la consiguiente separación del sujeto y el objeto. La experiencia perceptiva es preobjetiva dado que es una experiencia originaria “que nos remonta al campo fenoménico en el que todavía no podemos reconocer como realidades enfrentadas al sujeto y al objeto, a la conciencia y al mundo, sino que lo que acontece es una totalidad abierta e indefinida cuyos términos se relacionan implicándose recíprocamente (...) En la realidad perceptiva los términos que tradicionalmente se presentan irreconciliables coexisten ambiguamente” (Costa, 2006). La experiencia de la percepción posibilita una comprensión del mundo a través del cuerpo, que se sitúa por fuera del pensamiento reflexivo y de la representación.
En el marco de una teoría performativa del género y desde una orientación teórica que ella misma denomina postfeminista2, la filósofa estadounidense Judith Butler, propone dislocar las categorías con las que habitualmente pensamos, conceptualizamos y vivimos nuestra identidad, específicamente nuestra identidad de género.
Butler se ubica en un constructivismo lingüístico radical desde el cual analiza ciertos debates que se dieron en relación a esta postura así como la tendencia que tendría el constructivismo de quedar atrapado en la misma gramática que sostiene la metafísica de la sustancia que intenta denunciar. Desde esta postura Butler revisa las nociones de “cuerpo”, “materia” y “naturaleza”, intentando llegar un paso más allá en uno de los debates más candentes de nuestro tiempo.
En páginas anteriores, mencionábamos el hecho de que al compartir con otros colegas nuestras inquietudes acerca de la materialidad del cuerpo, nos encontramos con cierta persistencia de la idea de que la materialidad a la que nos referimos sólo puede ser pensada en términos orgánicos, como algo previo a la representación, perteneciente al mundo de lo natural. También mencionábamos que, si bien aún no disponemos de herramientas suficientes como para hacer una argumentación sólida en referencia a este punto, respecto del cual tenemos más intuiciones que certezas, consideramos que la materialidad a la que nos referimos no necesariamente tiene que ser pensada en términos biológicos u orgánicos y que el hecho de que consideremos que la materialidad del cuerpo no puede terminar de definirse en términos del lenguaje, no significa que exista en algún lugar previo, originario o natural.
Butler ubica su producción dentro de lo que denomina un postfeminismo porque considera que el feminismo va de la mano del modelo ilustrado y que, como este ha entrado en crisis, es necesario ubicarse en una etapa post (posmoderna y en consecuencia, postfeminista).
Es en relación a este punto que creemos que los aportes de Judith Butler pueden resultar interesantes a la hora de intentar comenzar a desentrañar esta cuestión.
Para Butler no hay naturaleza independiente de nuestras concepciones culturales. La naturaleza no es algo originario o previo a lo cultural, sino “algo semejante a una ficción, tal vez una fantasía retrospectivamente instalada en un sitio prelingüístico al cual no hay acceso directo” (Butler, 2002:23) En este sentido, la noción de naturaleza no es una noción descriptiva sino prescriptiva, una ficción que justifica otras ficciones.
Por eso considera que no existe cuerpo natural, que todo cuerpo es cultural y porta las inscripciones narrativas de la historia y la cultura. Sin embargo, el hecho de que no exista un cuerpo natural no significa que el cuerpo no posea una dimensión material; para Butler, “lo que constituye el carácter fijo del cuerpo, sus contornos, sus movimientos, será plenamente material, pero la materialidad deberá reconcebirse como el efecto del poder, como el efecto más productivo del poder”. (Butler, 2002:18)
Butler propone la noción de “materia” en reemplazo de ciertas concepciones constructivistas que tenderían a conservar el lugar gramatical y metafísico del sujeto.
Desde estas concepciones, la construcción se entiende como un proceso unilateral iniciado por algún sujeto previo y voluntario cuyo lugar es ocupado por cierta personificación del discurso, el lenguaje o lo social. Muchas de estas concepciones, además, suelen ver a la construcción, no como una actividad sino como un acto que ocurre una vez y cuyos efectos se establecen firmemente. Pero para Butler, “la construcción no es ni un sujeto ni su acto, sino un proceso de reiteración mediante el cual llegan a emerger tanto los “sujetos” como los “actos”, es por eso que propone en lugar de estas concepciones de construcción, un retorno a la noción de materia, no como sitio o superficie, sino como un proceso de materialización que se estabiliza a través del tiempo para producir el efecto de frontera, de permanencia y de superficie que llamamos
materia”. (Butler, 2002: 28)
Aquí es donde cobra fuerza la forma en que Butler entiende la noción de performatividad. Esta noción se refiere a la capacidad que tiene el discurso de producir lo que nombra. La idea sobre la que Butler insiste es que el modo en que el discurso produce es a través de la reiteración, “no hay ningún poder que actúe, solo hay una actuación reiterada que se hace poder en virtud de su persistencia e inestabilidad, porque el poder no se localiza en las convenciones mismas sino en su reiteración.” (Femenías, 2003:121)
Butler ve la posibilidad de desestabilizar y hacer entrar en crisis las categorías, “porque en virtud de la misma reiteración se abren brechas y fisuras que representan inestabilidades constitutivas de tales construcciones, como aquello que escapa a la norma o que la rebasa, como aquello que no puede definirse ni fijarse completamente mediante la labor repetitiva de la norma.” (Butler, 2002: 29) Es decir que la repetición nunca es de lo mismo, porque siempre hay diferencias, aunque sean sutiles, pequeños desplazamientos, errores en la repetición. Es por eso que las categorías son siempre incompletas, y están abiertas a la resignificación, y es a esto a lo que apela Butler, a promover cambios en el lenguaje que nos permitan abandonar las categorías normativas que nos sujetan.
El hecho de que toda inscripción, o todo lugar de emergencia del sujeto sea incompleta y ambigua, es decir, que no tenga una significación cerrada, da al sujeto la posibilidad de resolver en la praxis la incompletitud y la ambigüedad de la inscripción.
Esto posibilita que el sujeto se haga cargo activamente del poder que lo produjo, constituyéndose en agente. A partir de esta posibilidad, Butler propone rechazar de lleno la noción de sujeto y aspirar a la formación de agentes performativos no sujetos. Para esto “desarrolla una metafísica que denomina contraimaginaria o paródica, basada en la distinción entre la lógica de la identidad y la de la identificación. Esto le permite admitir un Yo que se inventa constantemente y una identidad y una coherencia fantasiosas.” (Femenías, 2003: 112)
De este modo insta a la parodia, a la improvisación, a la fantasía, como un ejercicio de la libertad que desontologiza, es decir, que pone de manifiesto que lo natural, lo originario, lo idéntico, no es más que una ficción.
A continuación veremos de qué manera muchos de las ideas que articulan estas propuestas filosóficas también aparecen planteadas desde el arte, la lingüística y las ciencias sociales en relación a la noción de performance.

III.
El concepto de performance emerge de diversas fuentes (vanguardias artísticas, teatro experimental, lingüística, ciencias sociales) y por lo tanto puede ser interpretado en múltiples formas.
Siguiendo a Diana Tylor, podemos distinguir dos usos de este concepto: uno ontológico y otro metodológico. En el primero, performance “constituye el objeto de análisis de los Estudios de Performance- incluyendo diversas prácticas y acontecimientos como danza, teatro, rituales, protestas políticas, funerales, etc, que implican comportamientos teatrales, predeterminados, o relativos a la categoría de evento. Para constituirlas en objeto de análisis estas prácticas son generalmente definidas y separadas de otras que las rodean. En este nivel, entonces, decir que algo es una performance equivale a una afirmación ontológica”. (Tylor, 2002). En el segundo caso, el foco no está puesto en un tipo de evento sino en la performatividad en sí misma. "Performance también constituye una lente metodológica que les permite a los académicos analizar eventos como performance. Entender este fenómeno como performance sugiere que performance también funciona como una epistemología. Como práctica in-corporada, de manera conjunta con otros discursos culturales, performance ofrece una determinada forma de conocimiento.” (Tylor, 2002)
Al hablar de performance dentro del campo del arte se hace referencia tanto a las artes típicamente escénicas (teatro, danza, música y sus múltiples combinaciones posibles) como a las artes plásticas (especialmente a sus desarrollos interdisciplinarios comenzados en los 50), utilizando el concepto en un sentido principalmente ontológico.
Se suele denominar “arte de performance” a un género que, desde el teatro, las artes plásticas o la música, privilegia la producción de experiencia real más allá de la ficción, reemplazando la representación por la presentación. El arte de performance no quiere colocar al espectador frente a un objeto de arte para que lo contemple y lo interprete, sino que lo invita a cruzar hacia un espacio y un tiempo especiales donde actores y espectadores se movilizan hacia afuera de sus comportamientos habituales. El sentido de éstas artes vivas no proviene de objetos u obras finales resultantes sino de procesos de índole experimental, cognitiva, vivencial y relacional. En la performance el protagonista es el propio artista, que deviene su propia obra o creación, siendo muchas veces la obra de arte el propio cuerpo y el artista a la vez sujeto y objeto de su obra. Por otro lado, el carácter efímero de las obras también cuestiona el estatuto del objeto artístico y la legitimidad de las instituciones que lo sustentan, generando un desplazamiento del énfasis desde la materialidad del objeto
hacia la temporalidad del acto En el campo de las artes escénicas los “estudios de performance” emergen en la década del 60, cuando los conceptos de teatro y drama se vuelven insuficientes para abarcar la complejidad de circunstancias representacionales en los escenarios y espacios públicos. El colapso de las fronteras entre disciplinas, así como entre vida y arte, es lo que obliga a buscar nuevas herramientas teóricas.
Desde las ciencias sociales y humanas, perfomance ha oscilado entre sus usos metodológico y ontológico, e incluso los ha superpuesto.
El concepto de performatividad, es incorporado en la lingüística por Austin y otros filósofos del lenguaje en el marco de la teoría de los “actos de habla”, para describir el modo en que pueden “hacerse cosas con palabras”, es decir la forma en que las emisiones de expresiones linguísticas producen acciones en el mundo. Con la introducción de este concepto de se importancia a la competencia comunicativa del habla, así como al contexto del “acto performativo”, posibilitándose una nueva manera de analizar el discurso en el momento de su ejecución. Austin habla de lo performativo específicamente como un enunciado que ejerce alguna acción. A este tipo de palabras y enunciados que no describen la realidad, y por tanto no pueden evaluarse en términos de verdad o falsedad, sino que al ser pronunciados ejecutan la acción que enuncian, el lingüista los llama performativos.
Desde la escuela sociológica del interaccionismo simbólico, Erving Goffman utiliza el teatro como una metáfora de la acción humana para así analizar la manera “teatralizada” por medio de la cual las personas se despliegan en sociedad e interactúan unas con otras. Aquí el foco no está puesto en un tipo de evento en particular sino en la performatividad en sí misma, en el comportamiento social como performance: el proceso expresivo de manejo estratégico de la impresión y la improvisación con los que los seres humanos normalmente articulan sus propósitos, situaciones y relaciones en la vida cotidiana. Para Goffman, la intencionalidad humana, la cultura y la realidad social están articuladas en el mundo fundamentalmente a través de la actividad preformativa.
Por su parte, el antropólogo británico Victor Turner, interesándose por la teatralidad como fuente de herramientas para un estudio etnográfico dinámico, puso el foco de sus estudios en los fenómenos rituales. Para este autor los conflictos sociales se estructuran como dramas, con una estructura diacrónica y fases bien delimitadas de ruptura, crisis, transición y resolución, muy similar a la estructura del teatro clásico. Del mismo modo, toda performance tendría su propio estilo, retórica, roles característicos, patrones de desarrollo, etc. Turner resalta además el hecho de que las performances contienen una alta proporción de símbolos no verbales, modos de comunicación que utilizan diferentes medios como el sonido, la danza, la actuación, y las artes plásticas.
Turner entiende a la performance más allá de su funcionalidad como representación de una estructura social. Las performances no son simples reflejos o expresiones de la cultura o de los cambios culturales, sino que pueden ser ellas mismas agentes del cambio, representando la visión que la cultura tiene de si misma y delimitando el marco en el que los actores bocetarán lo que consideran mejores o más interesantes modos de vida. De este modo la performance puede ser considerada tanto en su calidad de reproductora de un orden establecido (mediante ritos oficiales, etc.) como en su capacidad para parodiarlo, criticarlo y subvertirlo (carnaval, ritos liminoides, parodias, manifestaciones políticas).
Otros aportes han sido hechos por Richard Schechner, teórico del teatro y dramaturgo, que conoció a Victor Turner y se interesó por el estudio de los fenómenos teatrales y rituales y por la relación entre ambos. Performance es usado por este autor para designar un amplio espectro de acciones humanas que a través de la presentación o exhibición del cuerpo apunten a reforzar o transformar situaciones de existencia. Toda performance debe además implicar una conducta restaurada (twice behaved-behavior: comportamiento dos veces actuado), lo cual limita el campo de aplicación de los estudios de la performance a aquellos fenómenos vinculados a la re-presentación. Al igual que Turner, Schechner sostiene que los performers, y a veces incluso los espectadores, son transformados a través de la performance.
Pese a las diferencias que podemos encontrar dentro del amplio espectro de propuestas que se han desarrollado en torno al concepto de performance, encontramos una serie de elementos en común que las articulan entre sí, así como con las propuestas filosóficas a las que hicimos referencia en el apartado anterior.
Muchos de estos elementos comunes, que detallaremos a continuación, están en relación con el contexto de surgimiento y consolidación de los diferentes usos del concepto de performance, vinculado a la crisis de la modernidad, las corrientes posmodernas, el giro lingüístico y el replanteo del rol de las ciencias y de las artes.

Conclusiones.
Al principio de esta ponencia comentamos que la búsqueda que nos planteamos con ella estuvo motivada por una pregunta a la que habitualmente tenemos que enfrentarnos quienes elegimos ciertas líneas de investigación vinculadas al cuerpo, la danza y el arte: la pregunta acerca del aporte que este tipo de estudios puede hacer a las ciencias sociales.
A continuación y a modo de cierre provisorio de esta búsqueda que recién comienza veremos de qué manera las distintas ideas que hemos presentado hasta aquí pueden articularse para empezar a dar respuesta a esta pregunta.
Muchas veces, el reparo que muestran quienes dentro de las Ciencias Sociales se dedican a áreas ajenas a los estudios sobre cuerpo, se funda en una creencia de que este tipo de estudios tienen una escasa implicación política.
Tal como comentábamos en páginas anteriores, existe toda una línea de estudios sobre cuerpo, vinculada a los aportes de Michael Foucault y otros pensadores postestructuralistas, que pone el foco de atención en el cuerpo político y en los mecanismos y dispositivos de regulación, vigilancia y control que atraviesan estos cuerpos. Sin embargo, luego del recorrido que realizamos para la construcción de esta ponencia a través de diferentes propuestas provenientes tanto de la filosofía, como del arte y de las ciencias sociales, se puso en evidencia para nosotras que el solo hecho de dar centralidad a lo corporal implica un fuerte compromiso político, que no sólo está presente en la perspectiva postestructuralista mencionada anteriormente, sino en todas las perspectivas que, al resaltar el valor de lo corporal, están denunciando la lógica del pensamiento occidental que es la que sostiene la gran mayoría de las desigualdades e inequidades que preocupan a las Ciencias Sociales en la actualidad.
Todos los autores que hemos mencionado hasta aquí, coinciden en cuestionar esta lógica de pensamiento instaurada por la racionalidad occidental por ser la responsable de un orden social que siempre es excluyente para algunos, dado que funciona como matriz de exclusión y/u omisión respecto de toda una gama de diversidades.
El sólo hecho de hablar del cuerpo, de revalorizar el cuerpo, en el seno de una cultura que tradicionalmente lo ha subvalorado, es contrahegemónico, y va de la mano del cuestionamiento a la hegemonía del lenguaje verbal. Este cuestionamiento, basado en la consideración de que el lenguaje representacional, no solamente resulta insuficiente a la hora de captar la complejidad de una realidad que no tiene ni la coherencia ni el orden de los conceptos con los que se la pretende representar, si no que además, al darle esta apariencia, es el responsable de generar un orden falso y arbitrario, es uno de los ejes que articula la mayoría de las propuestas que hemos mencionado. Más allá de las diferencias que pueden encontrarse dentro de estas propuestas, tanto en Nietzsche, Merleau-Ponty y Butler como en los estudios sobre performance, esta crítica o sospecha sobre el lenguaje ocupa un lugar central.
En Nietzsche y en Butler, frente a este cuestionamiento aparece la necesidad de la construcción de un nuevo lenguaje, ya no vinculado al concepto y la razón sino a la parodia, la metáfora, la alusión, la ironía. Esta misma idea se encuentra presente también en muchos de los usos artísticos de la performance, que utilizan el recurso de la parodia y la ironía como forma de subvertir el orden social imperante.
Por otro lado, tanto en Merleau-Ponty y en los estudios antropológicos que retoman la propuesta de este autor, como en el caso de la perspectiva del embodiment, encontramos una fuerte revalorización del conocimiento corporizado, que también es característica de muchos de los desarrollos vinculados a la performance.
En las distintas aproximaciones que hemos revisado hasta aquí, encontramos esta crítica al racionalismo occidental centrado en el lenguaje, crítica que posibilita visibilizar al cuerpo como objeto digno de interés, ya que pone en tela de juicio su construcción como objeto y como término devaluado del dualismo a partir del cual se define al hombre en occidente. De esta manera, se desnaturalizan y deconstruyen las categorías con las que históricamente se ha aprehendido al cuerpo.
El foco en lo corporal y la crítica al racionalismo occidental y a la ciencia positivista como lógica única, posibilitan nuevas formas de conocimiento, e incluso, nuevas formas de hacer ciencia. De este modo, otras racionalidades, otras lógicas, otras formas de vincularse con el mundo y de aprehenderlo, resultan evidenciadas y son revalorizadas como formas válidas de conocimiento, e impactan en la ciencia, modificando su forma de construir el conocimiento, basada principalmente en el logocentrismo. Así, es posible la revalorización de otros tipos de saber, vinculados a las sensaciones y las emociones, frente al conocimiento científico racional sobrevalorado por la modernidad. Además, los estudios focalizados en la corporalidad posibilitan que la práctica cobre una mayor importancia frente al habitual predominio de la teoría, generalmente sobrevalorada como forma de comprensión de la realidad social.
Por otro lado, mientras la investigación científica, centrada en el lenguaje, deja afuera a todo aquel que no puede, o que no quiere, tomar la palabra y que, entonces, al no ser sujeto del lenguaje, no puede ser sujeto de investigación, el hecho de dar centralidad al cuerpo, deja ver, o permite emerger, otros sujetos, que fueron invisibilizados por la racionalidad y el logocentrismo occidental (sujetos no-masculinos, no-blancos, no-occidentales, no-cristianos, no-universitarios, no-intelectuales, no-de clase media/alta). Del mismo modo, estos enfoques permiten visibilizar y construir como objetos de estudio dignos de interés a otras prácticas, también invisibilizadas por la ciencia y la racionalidad moderna, pero fundamentales para la comprensión del fenómeno humano en su totalidad.
Por último, creemos que la consideración e integración del cuerpo como locus de conocimiento a través de la experiencia, posibilita la superación no sólo del dualismo cartesiano, sino también de la dicotomía sujeto/objeto y para el caso de las ciencias sociales la dicotomía sujeto investigador/sujeto-objeto de investigación, generando nuevas formas de hacer ciencia, más vinculadas a lo experiencial, a lo afectivo y que se propongan ser más horizontales.
Varias veces, durante el proceso de producción de este texto, dudamos acerca de la validez de incluir en ella una gama de propuestas tan variada que en ciertos puntos podrían resultar contradictorias. Sobre el final de este proceso, consideramos que tal vez, lo más importante no es la coherencia completa entre ellas, sino el hecho de que son articulables en muchos puntos y que todas son buenas para pensar lo que buscamos pensar. Lo que nosotras sentimos en relación a la experiencia de la corporalidad no es ni coherente ni ordenado, y quizá por eso no nos alcanza una teoría para poder pensarla ya que todas estas teorías nos aportan algo. A pesar de estas dudas que nos produce el hecho de mezclar autores que en algunos puntos se contradicen, sentimos que estos mismos autores nos dieron las razones para hacerlo, porque ninguno confía demasiado en la coherencia, y todos, de alguna manera, denuncian la artificialidad de los conceptos y la imposibilidad que tienen de abarcar y captar la complejidad del mundo.
Estamos seguras de que a medida que podamos profundizar en nuestras lecturas y en nuestras reflexiones sobre todas estas propuestas teóricas vamos a encontrar nuevos lazos y nuevas contradicciones, tal vez, algunas nuevas respuestas y, seguramente muchas más preguntas. Pensamos que es en esto, fundamentalmente, en lo que consiste el camino que estamos comenzando a transitar.

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martes, 8 de diciembre de 2009

Entramados convergentes: cuerpo, experiencia, reflexividad e investigación.

(Ponencia presentada en las V Jornadas de Sociología de la Universidad Nacional de La Plata. Diciembre de 2008)

Mariana del Mármol
Nahil Gelené
Gisela Magri
Karina Marelli
Mariana Sáez


Cuando hace algunos meses comenzamos a reunirnos como Grupo de Estudio sobre Cuerpo relatamos los recorridos individuales que nos habían llevado a encontrarnos. Tempranamente comprendimos que no era sólo un interés académico en conocer las perspectivas socio-antropológicas sobre el cuerpo lo que nos movía, sino que múltiples experiencias, vivencias y preguntas abiertas nos habían llevado a buscar y a formar un espacio donde la investigación, la creación y la experiencia no estuvieran separadas. En cada una de las integrantes del grupo existía la necesidad de unir los mundos que integraban nuestra vida: la ciencia y el arte, el cuerpo y la antropología, la experiencia y el conocimiento. Desde un primer momento tuvimos la certeza de que estos mundos podían integrarse en una trama productiva y creadora.
La antropología postmoderna se ha referido insistentemente a la ecuación personal y a la reflexividad que se ponen en juego en todo trabajo de campo etnográfico. Ampliando esta preocupación, enfoques teórico-metodológicos como la sociología carnal, la auto-etnografía y las corrientes que unen el post-estructuralismo y la fenomenología, han hecho hincapié en las posibilidades de conocimiento que se abren cuando quien investiga despliega un modo de conocimiento que parte desde el propio cuerpo y las propias vivencias. En esta ponencia exploraremos los aportes de estas últimas perspectivas analíticas, a la luz de las reflexiones que han surgido desde nuestras propias prácticas y deseos, partiendo de un modo de investigar en que la unidad del sujeto-cuerpo no deba ser escindida.

I De la subjetividad como un problema a la necesidad de partir de ella

El tema de la subjetividad y la reflexividad no es nuevo dentro de las ciencias sociales, y mucho menos dentro de la antropología. Desde los orígenes de esta disciplina se ha tematizado acerca de la inevitable huella personal que deja el investigador en el conocimiento que produce. En la gran mayoría de los textos fundantes de la antropología podemos encontrar referencias a la necesidad de separar el dato objetivo, la descripción pura, de los comentarios, reflexiones e interpretaciones del investigador. Así, en el clásico Los argonautas del Pacífico occidental, Bronislaw Malinowsky critica la falta de rigurosidad metodológica de las obras que “no se dedican expresamente a describir en qué circunstancias se efectuaron las observaciones y cómo se compiló la información”, y agrega: “considero que una fuente etnográfica tiene valor científico incuestionables siempre que podamos hacer una clara distinción entre, por una parte, lo que son los resultados de la observación directa (…) y, por otra parte, las deducciones del autor” (1972: 21).
Durante mucho tiempo, el sesgo inevitable de la subjetividad del investigador en su obra fue visto como un problema, como algo que debía ser controlado por distintos medios, en pos de una mayor objetividad. Así, en Controles y experimentos en el trabajo de campo, Oscar Lewis, sugiere diferentes formas de aumentar las posibilidades de obtener datos más confiables y objetivos, a las que denomina genéricamente controles y define como “cualquier técnica o método que permita la disminución de las probabilidades de error en la observación, recolección e interpretación de los datos de campo” (1975:103).
Entre los controles recomendados por este autor, resalta la importancia del control de la ecuación personal. Lewis señala que, dado que “la ecuación personal del investigador lo impregna todo necesariamente (…) para alcanzar un grado elevado de objetividad, el estudiante debe conocerse bien personalmente, tener conciencia de sus prejuicios, se sus sistemas de valor, de sus debilidades y de sus fuerzas” y agrega que inclusive, “en algunos círculos se ha recomendado que los trabajadores de campo se psicoanalicen.” (Ibid: 104). El sentido de estos procedimientos, es claramente explicitado por Nadel, cuando dice que “si la subjetividad es inevitable, por lo menos puede hacerse pública.” (1951: 49).
A partir de la crisis de confianza en las ciencias sociales que empieza a emerger en la segunda mitad del siglo XX, haciéndose más notoria a partir de los años ‘70, en consonancia con el debilitamiento de la utopía de acumulación y progreso y del paradigma científico positivista, surge la pregunta acerca de si la tan aclamada objetividad es posible y aún deseable.
En este contexto toman fuerza los enfoques interpretativistas, y empiezan a legitimarse las múltiples perspectivas a partir del reconocimiento de la pluralidad de voces, adquiriendo gran importancia las narraciones, en las que el conocimiento se encuentra entrelazado con las vidas concretas y las experiencias personales, que comienzan a ser consideradas fuente de conocimiento. El relato en primera persona es reivindicado hasta el punto de que el conocimiento en sí no deja de ser una narración más que participa en el mundo de las narraciones sobre la vida.
Esto conduce a una valoración positiva de la subjetividad y las emociones del investigador, que dejarán de ser una mancha, algo que contamina para convertirse en un material que aporta a la investigación y la enriquece, llegando a ser además de algo necesario y deseable, lo único posible.
Dentro de estos enfoques posmodernos, que resaltan el carácter fragmentario y plural de los discursos manifestando su desconfianza hacia cualquier relato totalizante que pretenda generar un efecto de solidez, coherencia y verdad, surge la autoetnografía: “un género de tipo autobiográfico que muestra diferentes niveles de conciencia que conectan lo personal con lo cultural. Es una mirada que recorre un camino de ida y vuelta entre lo social y lo personal. En esta ida y vuelta, la frontera entre lo personal y lo social se diluye.” (Ellis y Bochner citado en Feliu, 2007: 267).
Uno de los ejemplos más paradigmáticos del abordaje autoetnográfico puede encontrarse en los aportes de Renato Rosaldo, quien utiliza su propia experiencia en función del análisis científico, proponiendo la sensibilización como una manera de acercarse al objeto observado.
Lejos de intentar mantener la distancia o dejar a un lado las experiencias personales, Rosaldo las considera como una fuente o punto de partida desde el cual acercarse al fenómeno a estudiar. Resalta la importancia de la experiencia emocional para la comprensión de todo lo humano. Para Rosaldo la emoción es una dimensión constitutiva del fenómeno humano que no puede ser dejada a un lado si se pretende comprenderlo en profundidad. Es por esto que propone partir del insight personal y usar la interioridad para entender el afuera, para establecer un diálogo con el otro. La emoción es el vehículo que le permite vincularse tanto con los sujetos a los que estudia como con los lectores.
Rosaldo destaca la importancia de que el etnógrafo no pierda de vista ni deje de explicitar su posición en tanto sujeto ubicado. Este concepto de ubicación se refiere al lugar desde el cual el investigador observa y entra en relación con el fenómeno a estudiar y a la forma en que sus experiencias personales le permiten comprender algunas cuestiones mejor que otras, echando luz sobre ciertas aristas y oscureciendo otras.
Otro aspecto interesante de la propuesta de Rosaldo radica en el hecho de que puede resolver el problema de la subjetividad y la reflexividad capitalizándolas positivamente sin caer en el exceso de autorreferencialidad que se les critica a otros autores posmodernos.
En tanto, Nick Crossley, en el marco de la Sociología Carnal, propugnará un enfoque que tras reconocer que todo conocimiento del mundo y de uno mismo tiene una implicación corporal, pone en un lugar central al cuerpo actuante del investigador o la investigadora. Para comprender con mayor profundidad esta propuesta, en la que se invierten los términos en los que se ha estudiado tradicionalmente al cuerpo, resaltando “lo que el cuerpo hace” y no tan sólo “lo que se le hace al cuerpo”, es necesario remontarnos brevemente a la historia de los estudios del cuerpo.

II Breve recorrido por los estudios sobre el cuerpo/ desde el cuerpo

Más allá de la existencia de ciertos trabajos pioneros (Hertz, 1907; Mauss, 1934) los campos de la antropología y la sociología del cuerpo recién comenzaron a delinearse en las décadas del ´70 y ´80. Hasta ese momento, el cuerpo prácticamente no había sido problematizado desde las ciencias sociales, su estudio parecía pertenecer de manera natural al dominio de las ciencias biológicas (Citro, 2004). Esta invisibilización del cuerpo como un objeto de estudio digno de interés para las ciencias sociales puede vincularse con el enfoque dualista sobre el hombre que dominó gran parte del pensamiento occidental (desde la tradición platónica y judeocristiana) consolidándose a partir del modelo que instaura la filosofía de Descartes. Desde este enfoque, “el cuerpo se escinde de la razón o el espíritu pasando a constituir el término no valorado de la relación, un mero ´objeto‘ que se ´posee‘ en oposición a la razón o el espíritu que definen al ser” (Citro, 2004: 2).
Si bien esta concepción dualista predomina en occidente desde la antigüedad, según David Le Bretón, el concepto de cuerpo adquiere su significado actual durante la modernidad, cuando la distinción entre el cuerpo y el hombre se profundiza y el cuerpo se vuelve factor de individuación.
La mayoría de los estudios antropológicos sobre el cuerpo se oponen a esta tradición de pensamiento deconstruyendo, por un lado, la idea del cuerpo como un mero objeto natural al mostrarlo como una construcción sociocultural, y reconociendo, por otro lado, en la corporalidad un elemento constitutivo de los sujetos.
En su trabajo “El cuerpo mindful (pensante)…” las antropólogas Nancy Scheper- Hughes y Margaret Lock, reelaboran los conceptos disponibles acerca del cuerpo, examinando tres perspectivas a través de las cuales puede verse. Proponen un análisis en tres niveles:
“En un primer nivel, y quizás el más auto-evidente, encontramos el cuerpo individual, entendido en el sentido fenomenológico de la experiencia vivida del body-self (ser cuerpo) (…) En un segundo nivel de análisis encontramos el cuerpo social, referido a los usos reprensentacionales del cuerpo como símbolo natural a través del cual pensar la naturaleza, la sociedad y la cultura(...) El tercer nivel de análisis es el cuerpo político, que se refiere a la regulación, vigilancia y control de los cuerpos (individuales y colectivos) (…) En este sentido, los tres cuerpos no sólo representan tres unidades de análisis separadas y yuxtapuestas, sino tres enfoques teóricos y epistemológicos diferentes: fenomenología (el cuerpo individual, lived self, el ser vivido), estructuralismo y simbolismo (el cuerpo social), y el postestructuralismo (el cuerpo político).” (1987: 3, 4).
Es decir, que a partir de la emergencia del cuerpo como tema de estudio digno de interés para las ciencias sociales, pueden distinguirse, básicamente, tres líneas de abordaje:
- La primera de estas líneas destaca el carácter político del cuerpo. Desde esta perspectiva el cuerpo es visto como lugar de inscripción de los discursos sociales, atravesado por dispositivos de disciplinamiento, normalización, vigilancia y control (Foucault, Agamben, Lock, Butler).
- La segunda línea, se caracteriza por realizar un abordaje del cuerpo como representación, como fuente de simbolismos o medio de expresión. Desde esta perspectiva, el cuerpo es visto como producto de un conjunto de sistemas simbólicos socialmente compartidos y atravesado por significaciones que constituyen la base de su existencia individual y colectiva (Mary Douglas, Geertz, Heritier, Le Bretón).
- En contraposición a estas dos líneas que ven al cuerpo como objeto de atravesamientos políticos y simbólicos, surge una tercera. Ésta parte fundamentalmente de la crítica a los enfoques netamente representacionales que perciben al cuerpo sólo como signo o símbolo, lo que ha hecho que sea considerado como pasivo e inerte. Desde este enfoque, que plantea la necesidad de destacar el carácter activo y transformador de la praxis corporal en la práctica social (Jackson, 1893) basándose en la noción de ser-en-el mundo de Maurice Merleau Ponty (y, en algunos casos, en los conceptos de práctica y habitus de Bourdieu), se propone recuperar la perspectiva del embódiment: “una aproximación fenomenológica en la que el cuerpo vivido es un punto de partida metodológico antes que un objeto de estudio”(Csordas, 1993: 136).
En la actualidad, la tendencia predominante es a la utilización de manera combinada de estas tres perspectivas. Adhiriendo a esta tendencia, la antropóloga Silvia Citro propone un abordaje dialéctico “que busca describir la experiencia práctica del cuerpo en la vida social, la materialidad del cuerpo y su capacidad pre-reflexiva de vincularse con el mundo” (2004: 6). Según este abordaje, nuestras percepciones, sensaciones, gestos y movimientos están socialmente construidos pero son, a la vez, socialmente constituyentes, dado que un cambio en estos modos de vincularnos con el mundo mediante el cuerpo podría generar nuevas formas de sociabilidad y afectividad produciendo cambios en las prácticas sociales en las que estos modos se despliegan. Es decir que la materialidad del cuerpo y su experiencia práctica están atravesadas por significantes culturales que se inscriben en nuestros propios cuerpos.
Esto no significa que los cuerpos se reduzcan a los discursos sociales que en ellos se inscriben; por el contrario, esta perspectiva resalta la capacidad creadora de lo corporal al considerar “que persiste siempre una cierta autonomía de las prácticas del cuerpo, cierta irreductibilidad de la materialidad del cuerpo a la omnipotencia del lenguaje” (ibid. 6). A partir de este reconocimiento de la constitución material-simbólica de la corporalidad, esta autora sostiene que la descripción fenomenológica de las prácticas “debe complementarse con la compresión de los múltiples sentidos que los sujetos nos revelan en sus discursos sobre aquellos significantes claves de su vida social” (ibid. 7).
Dentro de esta misma línea podemos situar los aportes de Nick Crossley, y su propuesta de realizar una sociología carnal del cuerpo. Dicho autor ha señalado que la sociología del cuerpo comúnmente maneja un enfoque que se centra en “lo que se le hace al cuerpo” observándolo predominantemente desde el punto de vista de su constitución como objeto significativo, atravesado por discursos y prácticas de regulación, control y transformación. Frente a esto, propone sumar un enfoque que se ocupe de comprender “qué es lo que el cuerpo hace”, otorgándole a éste un rol activo en la vida social, y teniendo en cuenta las bases incorporadas (embodied), es decir, internalizadas en y producidas por el cuerpo. (1995).
Partiendo de que el cuerpo no es sólo algo sobre lo que se actúa sino que también es sujeto productor de acción, Crossley propone que las ciencias sociales no se detengan en el estudio del cuerpo, sino que avancen hacia la inclusión de estudios desde el cuerpo; es decir, que el cuerpo no sólo sea sujeto objeto de investigación, sino herramienta y sujeto de conocimiento, lo que implica dar centralidad al cuerpo actuante del investigador o la investigadora. Según Löic Wacquant, la sociología carnal “toma en serio, tanto en el plano teórico como en el metodológico y retórico, el hecho de que el agente social es, ante todo, un ser de carne, nervio y sentidos (en el doble sentido de sensual y significado), un “ser que sufre” (…) y que participa del universo que lo crea y que, por su parte, contribuye a construir con todas las fibras de su cuerpo y su corazón” (2006: 15). Es decir que, sin olvidar lo que la antropología del cuerpo ha conseguido poner en escena, esto es, que el cuerpo es una construcción social específica para cada cultura, esta construcción diversa y desigual de los cuerpos se hace sobre un sustrato común: el cuerpo, en tanto materialidad, en tanto encarnación del sujeto, es el sustrato compartido de la experiencia humana (Citro, 2006).
Estas consideraciones que hacen hincapié en la materialidad y la fisicalidad de los cuerpos están vinculadas estrechamente al pensamiento de Merleau-Ponty quien sostiene que quien percibe es un sujeto hecho carne con el mundo, un ser-en-el-mundo. La experiencia de la percepción es corporal, pre-reflexiva, pre-objetiva, basada en la inescibilidad del vínculo del sujeto con el mundo. El concepto de carne hace referencia a “un sintiente sensible que no puede desligarse de su relación con un mundo” (Citro, 2006: 64); y que toma forma de cuerpo sólo cuando es pensado, objetivado, escindido de su condición existencial de carne. El cuerpo perceptivo es visto como un agente de las prácticas culturales, e inversamente, las prácticas culturales son resultado del trabajo de un cuerpo-sujeto activo. La percepción es el más fundamental y primordial aspecto de la subjetividad humana. Percibiendo nos convertimos en cuerpos-sujetos.Asimismo, el discurso es un proceso carnal, se produce mediante el trabajo del cuerpo y no necesitamos elegir entre estudiar el cuerpo real y las representaciones del cuerpo. Podemos estudiar el cuerpo como un ser o un existente que construye representaciones de si mismo y de otros cuerpos.
Un concepto que liga la experiencia carnal del sujeto que construye representaciones de otras existencias humanas, hechas a su vez carne en el mundo, es el de intercorporalidad. Pues estas existencias están enlazadas y abiertas una a la otra: ver al otro no es tener una representación interna de él, ni tenerlo como objeto de pensamiento, es ser-con-él.
Esta cuestión de la apertura del ser, se encuentra, para Merleau-Ponty, en íntima relación con la percepción, a la que considera “una experiencia incorporizada (…) un pensamiento o juicio reflexivo que confiere sentido y significado al mundo. No es una representación interna del mundo externo, ocurre en el mundo tanto como en la mente, es un ser abierto, una apertura del ser”.
El filósofo Jean – Luc Nancy, en su texto A la escucha amplía o, valga la redundancia, abre más dicha condición abierta del ser, sobre todo a partir del concepto de resonancia; es allí donde podemos empezar a establecer relaciones entre entendimiento y percepción, entre sentido y sonido, entre cuerpo y voz, como partes íntimas del “cuerpo hablante” las cuales componen el único sujeto que es posible, el sujeto que resuena, “que responde a un impulso, un llamado, una convocatoria de sentido (el sentido aquí se entiende como una escucha en la que sólo viene a resonar la resonancia, y en ella están juntas, la fuente sonora y su percepción).” (2007: 62).
Para Nancy, “es conveniente ir al fondo de la cuestión sin estar atado a una primacía del lenguaje y de la significación mediante tratamientos filosóficos simultáneos, no apáticos ni anestesiados:
- tratar la > no sólo como la condición, sino como la remisión misma y la apertura del sentido, como ultrasentido o sentido que va más allá de la significación o la pasa por alto;
- tratar al cuerpo, con anterioridad a cualquier distinción de lugares y funciones de resonancia, como si fuera en su totalidad (y >) [como pensara Artaud] caja o tubo de resonancia del ultrasentido.
- y a partir de ahí, considerar al <sujeto> como aquello que, en el cuerpo, está o vibra a la escucha – o ante el eco – del ultrasentido.” (ibid. 62-64)
En este sentido, es para el antropólogo, muy pertinente pensar en la cuestión de la escucha como escucha de la resonancia de su cuerpo-voz de investigador en otros cuerpos voces, como un proceso que se reafirma en la escucha de los ultrasentidos, al mismo tiempo de esos otros como de sí mismo. Este vibrar como fuente de escucha/entendimiento de los sonidos-sentidos, ecos de una profundidad abierta, existentes por una remisión infinita. En palabras del autor: “Escuchar es estar tendido hacia un sentido posible y, en consecuencia, no inmediatamente accesible.(…) La escucha se dirige a – o es suscitada por – aquello donde el sonido y el sentido se mezclan y resuenan uno en otro o uno por otro; si se busca sentido en el sonido, como contrapartida, se busca sonido, resonancia, en el sentido.” (2007:18, 19).
Aquí la cuestión del sonido no es una metáfora para pensar la percepción más allá del “ver”, del comprender, de la significación obligada: es efectivamente la posibilidad de empezar a hablar desde el cuerpo con todos los sentidos, más aún si queremos “decir” de otras maneras, acerca de las prácticas como la danza y el canto, que se han producido y se producen desde ese estado de vibración y escucha, de una manera carnal, atravesada por lo simbólico sí, atravesada históricamente por la disciplina también, pero colmada de potencia y resonancia, de fuente sensitiva y conceptual, que nos convoca a habitar esa apertura para poder escuchar nuestras verdades.
Decir algo sobre la experiencia que se nos muestra de manera pre-reflexiva, tiene que ver con poder crear otras maneras de nombrarla. En el posfascio de 58 indicios sobre el cuerpo, otra obra de Jean – Luc Nancy, Daniel Alvaro sostiene que “nuestra tradición entera, al menos desde Platón y el cristianismo, no concibe y ni siquiera imagina algo que no sea el ‘cuerpo significante’, es decir, el cuerpo sometido al orden del sentido. La invención y permanente construcción del ‘cuerpo’ a lo largo de la historia de Occidente se habría organizado a partir de una multiplicidad de discursos de origen muy diverso, principalmente a partir de discursos provenientes de la teología, la filosofía, la teoría política, la semiología, el psicoanálisis y la literatura. Puestas a un lado sus diferencias y las características específicas que los definen, lo que conformaría el fondo común de estos discursos es una suerte de impotencia generalizada y sistemática. Impotencia del discurso para pensar el cuerpo sin por ello significarlo. O dicho a la manera de Nancy: impotencia del discurso para hacer justicia a la evidencia del cuerpo, al aquí y ahora de nuestros cuerpos. Para hablar del cuerpo se necesita acaso un discurso completamente distinto. Uno capaz de hablar a partir del cuerpo y no simplemente del cuerpo. Un discurso que antes de producir o de dar sentido al cuerpo lo afecte en toda su extensión y por lo tanto en su existencia misma.” (2007: 53, 54)
Esta necesidad de crear nuevas formas de nombrar, requiere habilitar y habitar nuevos espacios de reflexión/acción, en los que puedan confluir los recorridos transitados, fragmentariamente, pero con la presencia del deseo de unidad, no sólo como parte de la condición y problemática posmoderna que nos define sino como lugar de convergencia y punto de partida.

III Entramados convergentes

Si como se sostuvo al principio de esta ponencia, de alguna u otra manera, la experiencia personal siempre se ve imbricada en lo académico, retomar reflexivamente el material propio de cada investigador, puede volverse enriquecedor. Por eso, no habiendo razones para negar esta articulación, ya que la misma se nos aparece como punto desde el cual partir, como disparador y como mediatriz de nuestras prácticas/reflexiones, hace algunos meses comenzamos a reunirnos como grupo de estudio e investigación desde/sobre el cuerpo, con la necesidad de unir las distintas trayectorias por la que cada una de nosotras ha transitado.
Este grupo está conformado por seis mujeres estudiantes y graduadas en Antropología, Biología, Danza Contemporánea, Danza Teatro, Expresión Corporal y Canto; todas compartimos el hecho de haber pasado por la Universidad y al mismo tiempo habernos dedicado al estudio y práctica de una/varias de las mencionadas disciplinas artísticas.
Desde nuestros primeros encuentros, se puso de manifiesto un objetivo fundante: crear un espacio para pensar lo que nos pasa con el cuerpo, pero también, para crear nuevas maneras de decir con nuestro cuerpo-voz, y de ese modo construir puentes, que posibiliten la reflexión acerca de la tarea de investigar desde y sobre la experiencia.
En el fondo de nuestras búsquedas estaba el deseo de conocer/nos, y la certeza de que una sola de esas vías no alcanzaba y todas por separado tampoco. Por ello, nos fue necesario generar un espacio concreto en el cual poder tematizar los cruces y conexiones que veníamos transitando individualmente entre la ciencia y el arte: estetizar el conocimiento y reflexionar acerca del arte; porque de todos modos, portamos el hábito de analizar aún fuera del ámbito académico pero también portamos nuestra experiencia, nuestros deseos, nuestro cuerpo cuando hacemos investigación.
En este afán de crear algo nuevo, de inventar un espacio que sentimos que no existe, no sólo un grupo de estudio, sino también un lugar que nos permita integrar la creación y la experiencia en la reflexión, encontramos una suerte de resistencia, que se gesta en las grietas de lo establecido.
Para pensar en esta cuestión, puede resultarnos útil el concepto de agencia. Según Judith Butler en el proceso de repetición de normas se desarrolla como una suerte de producción ritualizada; la reiteración de los discursos genera un efecto de solidez que los hace parecer inmutables. Pero como la determinación nunca es completa, se hace posible la desviación en la repetición y la ruptura de la norma. Esto posibilita que el sujeto se haga cargo activamente del poder que lo produjo, constituyéndose en agente, capaz de utilizar positivamente el poder que lo produjo. (2002: 28). Es en este sentido que creemos que el hecho de generar pequeñas rupturas a modo de microrresistencias contribuye a diluir la solidez de las fronteras que separan los diferentes campos de los que formamos parte o, al menos, a volverlas más permeables. En esta posibilidad de constituirnos en agentes existe una potencia que se encuentra inexorablemente ligada a las emociones.
Como hemos dicho más arriba, para la ciencia, el problema de las subjetividades ha sido durante mucho tiempo un obstáculo a eludir. Lo mismo ha pasado con las emociones, que han sido invisibilizadas en la gran mayoría de las investigaciones, suprimiéndose, tanto como componente de dichas subjetividades, como en cuanto temática.
Rosaldo llama la atención acerca de la manera en la que las ciencias sociales han eludido el tratamiento de los episodios de la vida que involucran emociones intensas y, en los casos en los que han abordado dichos episodios como tema de sus investigaciones, lo han hecho de manera distante y ritualizada. En este sentido, critica a las etnografías que han trabajado el tema de la muerte, subrayando no sólo la frialdad con la cual tratan este tema sino también, el empobrecimiento y la artificialidad a nivel, tanto metodológico como interpretativo, que implica sostener esa racionalidad: “…las etnografías escritas según las normas clásicas, consideran a la muerte como un ritual en vez de una desdicha (…) Las etnografías que de esta forma eliminan las emociones intensas, no sólo distorsionan sus descripciones, sino que también descartan variables potenciales clave de sus explicaciones.” Y agrega: “las ciencias humanas deben explorar la fuerza cultural de las emociones para delinear las pasiones que provocan ciertas formas de conducta humana”. (1989: 10, 16)
Podríamos decir que la conformación de nuestro grupo esta atravesada por las emociones en los mismos niveles en los que las ciencias han tratado de eludirlas: no sólo porque consideramos que constituyen un tema que debe ser estudiado, sino porque creemos que sólo dando lugar a las emociones dentro de nuestras investigaciones podremos lograr profundidad en el proceso de comprender/nos en y con los otros.
Además, nuestras experiencias corporales, al estar vinculadas con el arte han construido en nosotras modos de ver y de ser-en-el-mundo, de experienciar y de pertenecer al mundo, en los que la emoción está siempre presente. La posibilidad de conocer y conocernos desde el cuerpo nos permite trasformar nuestro mundo y a nosotras mismas, reafirmando que el cuerpo no es sólo sujeto objeto de investigación, sino herramienta y sujeto de conocimiento. Todo esto se ve potenciado en el trabajo grupal, ya que al compartir las experiencias, los intereses y las expectativas, que resuenan en el otro (la otra) entrelazando nuestras existencias en una suerte de intercorporalidad, empieza a volverse posible hablar desde el cuerpo con todos los sentidos, para poder decir de otras maneras.

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