sábado, 16 de enero de 2010

Sobre el aporte de la Antropología del Cuerpo a las Ciencias Sociales

(Ponencia presentada en las X Jornadas Rosarinas de Antropología Social de la Universidad Nacional de Rosario)

Mariana del Mármol
Natalia Mariana Pagano
Mariana Sáez
Introducción.
Nos gustaría comenzar esta ponencia aclarando que nuestro objetivo es, ante todo, que ésta sirva como disparador, como punto de partida o, simplemente como excusa para discutir y compartir una problemática con la que solemos cruzarnos quienes, desde las ciencias sociales, intentamos iniciarnos en el camino de la investigación ocupándonos de temáticas como la danza y otras prácticas vinculadas al arte o al trabajo corporal.
Al comentar nuestros intereses de investigación a nuestros profesores o posibles directores, fundamentalmente cuando nos encontramos en ámbitos académicos en los cuales aún no existen espacios institucionalizados dedicados a los estudios sobre cuerpo, solemos recibir una misma gama de respuestas: ¿Qué aporte puede hacer ese tipo de estudio a las ciencias sociales? ¿Son realmente las representaciones y prácticas corporales vinculadas al arte un objeto de investigación digno de interés para la ciencia actual? Y, finalmente, Existiendo en la actualidad tantas problemáticas sociales relacionadas con la desigualdad, la marginalidad y la exclusión social ¿no deberíamos, quienes nos dedicamos a las ciencias sociales abocarnos al estudio específico de dichas problemáticas?
Estos interrogantes, ante los cuales tenemos muchas más intuiciones que respuestas, fueron los que impulsaron la búsqueda que se encuentra detrás de esta ponencia y orientarán, en cierta medida, el recorrido que propondremos a lo largo de la misma.
Dicho recorrido estará compuesto por tres etapas: en primer lugar, intentaremos delimitar el problema que se nos plantea al preguntarnos de qué hablamos cuando nos referimos al cuerpo desde la antropología o desde las ciencias sociales. Esta pregunta nos remite a una respuesta heterogénea e inacabada que casi inmediatamente nos enfrenta a una nueva pregunta: cuando desde las ciencias sociales hablamos del cuerpo ¿estamos todos hablando de lo mismo?¿de qué cuerpo estamos hablando?
A continuación, en parte para seguir ampliando la respuesta a dicha pregunta, revisaremos la propuesta de tres autores que, desde la filosofía, abordan la cuestión de la corporalidad desde perspectivas diferentes entre sí pero opuestas a las tendencias dualistas que caracterizaron el pensamiento racionalista dominante en occidente. Nos referimos a Maurice Merleau-Ponty, Frederick Nietzsche y Judith Butler. Estos tres autores, no sólo nos ofrecen formas de entender el fenómeno del cuerpo de una manera distinta a la que prevaleció en los paradigmas filosóficos dominantes, sino que además nos permitirán poner en cuestión las lógicas de pensamiento y acción que han orientado y orientan los modos de hacer ciencia legitimados por la racionalidad occidental. Finalmente, nos aproximaremos al concepto de performance, como categoría analítica que pone de manifiesto la capacidad del cuerpo y el arte, no solo de representar sino también de cuestionar, parodiar, criticar el orden social y de este modo interpelarlo y, por qué no, transformarlo mediante su intervención activa.

I.
Desde la antropología y la sociología actuales, la construcción del cuerpo como objeto de investigación es amplia y heterogénea. Sin embargo, en la base de esta heterogeneidad puede encontrarse un punto en el que las diferentes perspectivas confluyen: la oposición a la idea del cuerpo como objeto natural, cuyo abordaje correspondería exclusivamente al dominio de la biología. Los estudios socioantropológicos sobre el cuerpo deconstruyen esta idea del cuerpo como un mero objeto natural al mostrarlo como una construcción sociocultural, reconociendo en la corporalidad un elemento constitutivo de los sujetos.
Dentro de la multiplicidad de modos de construir el cuerpo como objeto de estudio presente en los estudios socioantropológicos, pueden reconocerse tres grandes tendencias o niveles de análisis que nos permiten visualizar los tres cuerpos a los que se refirieron las antropólogas Nancy Scheper-Hughes y Margaret Lock.
- En primer lugar nos encontramos con un cuerpo social, que emerge en relación con los usos representacionales del cuerpo como símbolo natural a partir del cual se piensa la naturaleza, la sociedad, la cultura y, a la inversa, la sociedad, la naturaleza y la cultura como modelos a partir de los cuales pensar el cuerpo. El cuerpo es visto desde esta perspectiva como producto de un conjunto de sistemas simbólicos socialmente compartidos y atravesado por significaciones que constituyen la base de su existencia individual y colectiva. Dentro de esta línea, afín al estructuralismo y al simbolismo, podemos ubicar los trabajos de Claude Lévi Strauss, Mary Douglas, Françoise Héritier, Clifford Geertz, y David Le Bretón entre otros.
- En segundo lugar encontramos el cuerpo político, referido a la regulación, vigilancia y control de los cuerpos ya sean individuales o colectivos. De este modo, el cuerpo es visto como lugar de inscripción de los discursos sociales, atravesado por dispositivos de disciplinamiento, normalización, vigilancia y control. Esta tendencia se correspondería con los aportes del post-estructuralismo, dentro de los cuales encontramos las obras de Michael Foucault, Giorgio Agamben, Margaret Lock y Judith Butler.
- En tercer lugar, hallamos el cuerpo individual, en el sentido fenomenológico de la experiencia vivida del body-self. Esta línea de análisis retoma la noción de ser-en-el- mundo de Merleau-Ponty y se expresa en la perspectiva del embodiment proponiendo “una aproximación fenomenológica en la que el cuerpo vivido es un punto de partida metodológico antes que un objeto de estudio”(Csordas, 1993: 136). El punto de partida de esta tendencia es la crítica a los enfoques netamente representacionales que perciben al cuerpo sólo como signo o símbolo pasivo e inerte que plantea la necesidad de destacar su carácter activo y transformador.
Teniendo el cuenta el estado actual de las discusiones dentro del campo socioantropológico de los estudios sobre cuerpo, muchos de quienes nos iniciamos en las reflexiones relativas a este campo consideramos que ciertas cuestiones, tales como el hecho de que el cuerpo es una construcción social que se realiza fundamentalmente a través del lenguaje, son, más que un objeto de discusión, un punto de partida desde el cual podemos seguir avanzando para pensar en otras cosas. En sintonía con muchas de las propuestas más actuales que se han realizado desde el campo de la antropología del cuerpo, creemos indispensable seguir desentrañando la cuestión de la irreductibilidad de los cuerpos y de las prácticas corporales a los discursos sociales que en ellos se inscriben.
Sin embargo, frecuentemente, al plantear entre colegas provenientes de otras disciplinas dentro de las ciencias sociales la idea de que el cuerpo es, sin dudas, una representación, pero no se reduce a eso, y que hay una materialidad del cuerpo, que no puede terminar de definirse en términos del lenguaje, notamos que hay una persistencia de la idea de que si hay un cuerpo más allá del lenguaje y de la representación no puede ser otra cosa que un cuerpo biológico.
Nosotras pensamos que no necesariamente es así, que hay algo más allá, irreductible tanto a la biología como al lenguaje. La materialidad a la que nos referimos no necesariamente tiene que ser pensada en términos orgánicos, porque además, en última instancia esos términos orgánicos también están definidos por medio del lenguaje.
Dentro de la filosofía encontramos autores que plantean la cuestión de lamaterialidad del cuerpo en un sentido que podría ser definido como extralingüísitco, prelingüístico o quizás hiperlingúistico. Consideramos que revisar sus aportes resulta imprescindible a la hora de seguir desentrañando esta cuestión, fundamentalmente si pretendemos generar un diálogo transdisciplinario en torno a un objeto que, afortunadamente, siempre será extremadamente complejo pero que no por eso debe estar necesariamente fragmentado.
A continuación recorreremos las propuestas de Maurice Merleau Ponty, Frederick Nietzsche y Judith Butler en relación a esta cuestión. Consideramos que los diferentes enfoques que plantean pueden aportarnos herramientas sumamente valiosas a la hora de enriquecer nuestra mirada sobre los complejos vínculos existentes entre la representación y la corporalidad.

II.
Si revisamos brevemente la tradición de pensamiento occidental desde Platón hasta la modernidad, encontraremos una cierta constancia en las maneras de definir al hombre que, más allá de las profundas diferencias que fueron marcando cambios en el pensamiento a lo largo de las épocas, ha sido definido por las voces hegemónicas de occidente como un ser compuesto por una entidad material (el cuerpo) y una entidad inmaterial (el alma, la mente, el espíritu) siendo esta última entidad la responsable de conferirle sus características exclusivamente humanas, diferenciándolo de los animales, confiriéndole el intelecto y la capacidad de razonar y posibilitándole algún tipo de trascendencia a su efímera existencia. Este dualismo, que aparece recurrentemente en los modos dominantes de definir al hombre en occidente, es sólo una de las formas en los que se expresa el binarismo excluyente y jerarquizante que estructura el pensamiento occidental. Este binarismo, no sólo opone lo material a lo inmaterial, el cuerpo al alma, lo sensible a lo inteligible, sino también lo falso a lo verdadero, lo terrenal a lo divino, la mujer al hombre, la pasión a la razón... subsumiendo, en todos los casos el primero al segundo de los términos mencionados.
Desde momentos históricos y contextos teóricos distintos, los tres autores que presentaremos a continuación se oponen, denuncian, critican esta lógica binaria estructurante del pensamiento occidental, poniendo en duda la fe en la razón, la centralidad de la palabra, la confianza en lo constante e inmutable y el menosprecio al cuerpo, para resaltar el valor de la percepción, la fuerza del movimiento, y el carácter ilusorio y ficcional de lo inmutable, dándole, de este modo, un lugar central a la corporalidad.
La filosofía de Nietzsche confronta con el dogmatismo de esta lógica binaria, y fundamentalmente con la racionalidad socrática, el dualismo platónico y la moral cristiana.
Nietzsche se opone a la idea platónica según la cual este mundo cambiante, sensible e imperfecto es el producto residual de otro mundo estático, suprasensible y perfecto. Sostiene que el mundo suprasensible no es más que una ilusión, una ficción, una fantasía que niega la única realidad, la experimentada por nosotros, y que la infravaloración de esta realidad sensible y cambiante no se debe a su imperfección, sino a la limitación de la razón humana, que por valerse de categorías inmutables, es incapaz de conocerla. Esta negación del mundo sensible es para Nietzsche una reacción antivital. En este mismo sentido acusa a la moral cristiana por ir en contra de los instintos vitales, ya que al igual que en el platonismo su centro de gravedad no está en este mundo sino en el más allá, por tratarse de una moral trascendente que no gira en torno al hombre sino en torno a Dios.
La crítica de Nietzsche se dirige también al lenguaje conceptual, ya que contribuye a afianzar el engaño metafísico acerca de la realidad. Frente al lenguaje de la razón, Nietzsche propone la construcción de un nuevo lenguaje, el lenguaje del arte, de la vida, de la ambivalencia, el lenguaje de la imaginación, basado en la metáfora, la alusión, la ironía, el movimiento, el arte, la creación, que permitirá encontrar un nuevo sentido en las palabras.
La corporalidad toma importancia para este autor en tanto que es la experiencia del movimiento lo que posibilita la acción transformadora del sujeto sobre el mundo y sobre sí mismo. Esto se vincula íntimamente con sus ideas acerca de la voluntad de poder. La voluntad de poder reside en el cuerpo, es un poder que se ejerce desde el cuerpo y nos mueve a actuar sobre el mundo, siendo la creación su fuerza fundamental.
Esta voluntad de poder se encuentra estrechamente ligada a la idea de potencia. Para Nietzsche, lo que puede es, en tanto que es potencia, es afirmación, la vida es exceso en devenir, siempre en movimiento. En este sentido, es importante aclarar que la voluntad de poder no debe considerarse como una aspiración o afán de dominio sobre algo o alguien, sino que debe ser entendida como creación, como devenir de la vida, como impulso que lleva a hallar formas superiores de existencia.
Como puede verse, los términos del racionalismo son invertidos por Nietzsche: el espíritu es concebido como instrumento del cuerpo y el cuerpo como “la razón en grande, la voluntad que obra como ‘yo’” (Nietzsche, 1995 [1882]: 54).
Para nosotras que estamos pensando en el cuerpo, en cuerpos en movimiento, en cuerpos haciendo arte, la propuesta de Nietzsche nos resulta doblemente valiosa tanto por la centralidad que da al cuerpo y al movimiento como por el lugar que otorga al arte.
Desde una aproximación fenomenológica y tomando como punto de partida el estudio de la percepción, Maurice Merleau-Ponty también confronta con la lógica centrada en la razón que caracteriza al pensamiento occidental y, fundamentalmente, con la oposición sujeto/objeto prescripta por el dualismo cartesiano.
La búsqueda central de Merleau.-Ponty se encamina, en palabras de Malena Costa (2006) “hacia un espacio de apertura, hacia una búsqueda de una relación entre términos no opuestos (...) una relación entre dos términos definidos por su ambigüedad: ya no se trata de un sujeto cerrado sobre la propia autorreferencialidad de su logos frente a un mundo-objeto acabado y abarcable que es percibido.”
Mientras el sujeto cartesiano es autosuficiente, en el sentido de que es la condición de posibilidad de su propia existencia, el sujeto merleaupontyano no puede existir por fuera de su relación con el mundo, es un “ser-en-el-mundo” o un ser “hecho carne con el mundo”. Este vínculo del sujeto con el mundo se da a través de la relación perceptiva de la que el cuerpo es el vehículo. La conciencia que define al sujeto es una conciencia encarnada. En este sentido, el concepto de carne hace referencia a un sintiente-sensible, dos aspectos reversibles e inseparables de una y la misma existencia, por un lado el sintiente, el sujeto que ve, que toca, y por otro el sensible, el sujeto-objeto que es visto, que es tocado (Citro, 2006).
El cuerpo nos permite un saber previo al saber objetivo en tanto que se ubica anteriormente al pensamiento reflexivo y la consiguiente separación del sujeto y el objeto. La experiencia perceptiva es preobjetiva dado que es una experiencia originaria “que nos remonta al campo fenoménico en el que todavía no podemos reconocer como realidades enfrentadas al sujeto y al objeto, a la conciencia y al mundo, sino que lo que acontece es una totalidad abierta e indefinida cuyos términos se relacionan implicándose recíprocamente (...) En la realidad perceptiva los términos que tradicionalmente se presentan irreconciliables coexisten ambiguamente” (Costa, 2006). La experiencia de la percepción posibilita una comprensión del mundo a través del cuerpo, que se sitúa por fuera del pensamiento reflexivo y de la representación.
En el marco de una teoría performativa del género y desde una orientación teórica que ella misma denomina postfeminista2, la filósofa estadounidense Judith Butler, propone dislocar las categorías con las que habitualmente pensamos, conceptualizamos y vivimos nuestra identidad, específicamente nuestra identidad de género.
Butler se ubica en un constructivismo lingüístico radical desde el cual analiza ciertos debates que se dieron en relación a esta postura así como la tendencia que tendría el constructivismo de quedar atrapado en la misma gramática que sostiene la metafísica de la sustancia que intenta denunciar. Desde esta postura Butler revisa las nociones de “cuerpo”, “materia” y “naturaleza”, intentando llegar un paso más allá en uno de los debates más candentes de nuestro tiempo.
En páginas anteriores, mencionábamos el hecho de que al compartir con otros colegas nuestras inquietudes acerca de la materialidad del cuerpo, nos encontramos con cierta persistencia de la idea de que la materialidad a la que nos referimos sólo puede ser pensada en términos orgánicos, como algo previo a la representación, perteneciente al mundo de lo natural. También mencionábamos que, si bien aún no disponemos de herramientas suficientes como para hacer una argumentación sólida en referencia a este punto, respecto del cual tenemos más intuiciones que certezas, consideramos que la materialidad a la que nos referimos no necesariamente tiene que ser pensada en términos biológicos u orgánicos y que el hecho de que consideremos que la materialidad del cuerpo no puede terminar de definirse en términos del lenguaje, no significa que exista en algún lugar previo, originario o natural.
Butler ubica su producción dentro de lo que denomina un postfeminismo porque considera que el feminismo va de la mano del modelo ilustrado y que, como este ha entrado en crisis, es necesario ubicarse en una etapa post (posmoderna y en consecuencia, postfeminista).
Es en relación a este punto que creemos que los aportes de Judith Butler pueden resultar interesantes a la hora de intentar comenzar a desentrañar esta cuestión.
Para Butler no hay naturaleza independiente de nuestras concepciones culturales. La naturaleza no es algo originario o previo a lo cultural, sino “algo semejante a una ficción, tal vez una fantasía retrospectivamente instalada en un sitio prelingüístico al cual no hay acceso directo” (Butler, 2002:23) En este sentido, la noción de naturaleza no es una noción descriptiva sino prescriptiva, una ficción que justifica otras ficciones.
Por eso considera que no existe cuerpo natural, que todo cuerpo es cultural y porta las inscripciones narrativas de la historia y la cultura. Sin embargo, el hecho de que no exista un cuerpo natural no significa que el cuerpo no posea una dimensión material; para Butler, “lo que constituye el carácter fijo del cuerpo, sus contornos, sus movimientos, será plenamente material, pero la materialidad deberá reconcebirse como el efecto del poder, como el efecto más productivo del poder”. (Butler, 2002:18)
Butler propone la noción de “materia” en reemplazo de ciertas concepciones constructivistas que tenderían a conservar el lugar gramatical y metafísico del sujeto.
Desde estas concepciones, la construcción se entiende como un proceso unilateral iniciado por algún sujeto previo y voluntario cuyo lugar es ocupado por cierta personificación del discurso, el lenguaje o lo social. Muchas de estas concepciones, además, suelen ver a la construcción, no como una actividad sino como un acto que ocurre una vez y cuyos efectos se establecen firmemente. Pero para Butler, “la construcción no es ni un sujeto ni su acto, sino un proceso de reiteración mediante el cual llegan a emerger tanto los “sujetos” como los “actos”, es por eso que propone en lugar de estas concepciones de construcción, un retorno a la noción de materia, no como sitio o superficie, sino como un proceso de materialización que se estabiliza a través del tiempo para producir el efecto de frontera, de permanencia y de superficie que llamamos
materia”. (Butler, 2002: 28)
Aquí es donde cobra fuerza la forma en que Butler entiende la noción de performatividad. Esta noción se refiere a la capacidad que tiene el discurso de producir lo que nombra. La idea sobre la que Butler insiste es que el modo en que el discurso produce es a través de la reiteración, “no hay ningún poder que actúe, solo hay una actuación reiterada que se hace poder en virtud de su persistencia e inestabilidad, porque el poder no se localiza en las convenciones mismas sino en su reiteración.” (Femenías, 2003:121)
Butler ve la posibilidad de desestabilizar y hacer entrar en crisis las categorías, “porque en virtud de la misma reiteración se abren brechas y fisuras que representan inestabilidades constitutivas de tales construcciones, como aquello que escapa a la norma o que la rebasa, como aquello que no puede definirse ni fijarse completamente mediante la labor repetitiva de la norma.” (Butler, 2002: 29) Es decir que la repetición nunca es de lo mismo, porque siempre hay diferencias, aunque sean sutiles, pequeños desplazamientos, errores en la repetición. Es por eso que las categorías son siempre incompletas, y están abiertas a la resignificación, y es a esto a lo que apela Butler, a promover cambios en el lenguaje que nos permitan abandonar las categorías normativas que nos sujetan.
El hecho de que toda inscripción, o todo lugar de emergencia del sujeto sea incompleta y ambigua, es decir, que no tenga una significación cerrada, da al sujeto la posibilidad de resolver en la praxis la incompletitud y la ambigüedad de la inscripción.
Esto posibilita que el sujeto se haga cargo activamente del poder que lo produjo, constituyéndose en agente. A partir de esta posibilidad, Butler propone rechazar de lleno la noción de sujeto y aspirar a la formación de agentes performativos no sujetos. Para esto “desarrolla una metafísica que denomina contraimaginaria o paródica, basada en la distinción entre la lógica de la identidad y la de la identificación. Esto le permite admitir un Yo que se inventa constantemente y una identidad y una coherencia fantasiosas.” (Femenías, 2003: 112)
De este modo insta a la parodia, a la improvisación, a la fantasía, como un ejercicio de la libertad que desontologiza, es decir, que pone de manifiesto que lo natural, lo originario, lo idéntico, no es más que una ficción.
A continuación veremos de qué manera muchos de las ideas que articulan estas propuestas filosóficas también aparecen planteadas desde el arte, la lingüística y las ciencias sociales en relación a la noción de performance.

III.
El concepto de performance emerge de diversas fuentes (vanguardias artísticas, teatro experimental, lingüística, ciencias sociales) y por lo tanto puede ser interpretado en múltiples formas.
Siguiendo a Diana Tylor, podemos distinguir dos usos de este concepto: uno ontológico y otro metodológico. En el primero, performance “constituye el objeto de análisis de los Estudios de Performance- incluyendo diversas prácticas y acontecimientos como danza, teatro, rituales, protestas políticas, funerales, etc, que implican comportamientos teatrales, predeterminados, o relativos a la categoría de evento. Para constituirlas en objeto de análisis estas prácticas son generalmente definidas y separadas de otras que las rodean. En este nivel, entonces, decir que algo es una performance equivale a una afirmación ontológica”. (Tylor, 2002). En el segundo caso, el foco no está puesto en un tipo de evento sino en la performatividad en sí misma. "Performance también constituye una lente metodológica que les permite a los académicos analizar eventos como performance. Entender este fenómeno como performance sugiere que performance también funciona como una epistemología. Como práctica in-corporada, de manera conjunta con otros discursos culturales, performance ofrece una determinada forma de conocimiento.” (Tylor, 2002)
Al hablar de performance dentro del campo del arte se hace referencia tanto a las artes típicamente escénicas (teatro, danza, música y sus múltiples combinaciones posibles) como a las artes plásticas (especialmente a sus desarrollos interdisciplinarios comenzados en los 50), utilizando el concepto en un sentido principalmente ontológico.
Se suele denominar “arte de performance” a un género que, desde el teatro, las artes plásticas o la música, privilegia la producción de experiencia real más allá de la ficción, reemplazando la representación por la presentación. El arte de performance no quiere colocar al espectador frente a un objeto de arte para que lo contemple y lo interprete, sino que lo invita a cruzar hacia un espacio y un tiempo especiales donde actores y espectadores se movilizan hacia afuera de sus comportamientos habituales. El sentido de éstas artes vivas no proviene de objetos u obras finales resultantes sino de procesos de índole experimental, cognitiva, vivencial y relacional. En la performance el protagonista es el propio artista, que deviene su propia obra o creación, siendo muchas veces la obra de arte el propio cuerpo y el artista a la vez sujeto y objeto de su obra. Por otro lado, el carácter efímero de las obras también cuestiona el estatuto del objeto artístico y la legitimidad de las instituciones que lo sustentan, generando un desplazamiento del énfasis desde la materialidad del objeto
hacia la temporalidad del acto En el campo de las artes escénicas los “estudios de performance” emergen en la década del 60, cuando los conceptos de teatro y drama se vuelven insuficientes para abarcar la complejidad de circunstancias representacionales en los escenarios y espacios públicos. El colapso de las fronteras entre disciplinas, así como entre vida y arte, es lo que obliga a buscar nuevas herramientas teóricas.
Desde las ciencias sociales y humanas, perfomance ha oscilado entre sus usos metodológico y ontológico, e incluso los ha superpuesto.
El concepto de performatividad, es incorporado en la lingüística por Austin y otros filósofos del lenguaje en el marco de la teoría de los “actos de habla”, para describir el modo en que pueden “hacerse cosas con palabras”, es decir la forma en que las emisiones de expresiones linguísticas producen acciones en el mundo. Con la introducción de este concepto de se importancia a la competencia comunicativa del habla, así como al contexto del “acto performativo”, posibilitándose una nueva manera de analizar el discurso en el momento de su ejecución. Austin habla de lo performativo específicamente como un enunciado que ejerce alguna acción. A este tipo de palabras y enunciados que no describen la realidad, y por tanto no pueden evaluarse en términos de verdad o falsedad, sino que al ser pronunciados ejecutan la acción que enuncian, el lingüista los llama performativos.
Desde la escuela sociológica del interaccionismo simbólico, Erving Goffman utiliza el teatro como una metáfora de la acción humana para así analizar la manera “teatralizada” por medio de la cual las personas se despliegan en sociedad e interactúan unas con otras. Aquí el foco no está puesto en un tipo de evento en particular sino en la performatividad en sí misma, en el comportamiento social como performance: el proceso expresivo de manejo estratégico de la impresión y la improvisación con los que los seres humanos normalmente articulan sus propósitos, situaciones y relaciones en la vida cotidiana. Para Goffman, la intencionalidad humana, la cultura y la realidad social están articuladas en el mundo fundamentalmente a través de la actividad preformativa.
Por su parte, el antropólogo británico Victor Turner, interesándose por la teatralidad como fuente de herramientas para un estudio etnográfico dinámico, puso el foco de sus estudios en los fenómenos rituales. Para este autor los conflictos sociales se estructuran como dramas, con una estructura diacrónica y fases bien delimitadas de ruptura, crisis, transición y resolución, muy similar a la estructura del teatro clásico. Del mismo modo, toda performance tendría su propio estilo, retórica, roles característicos, patrones de desarrollo, etc. Turner resalta además el hecho de que las performances contienen una alta proporción de símbolos no verbales, modos de comunicación que utilizan diferentes medios como el sonido, la danza, la actuación, y las artes plásticas.
Turner entiende a la performance más allá de su funcionalidad como representación de una estructura social. Las performances no son simples reflejos o expresiones de la cultura o de los cambios culturales, sino que pueden ser ellas mismas agentes del cambio, representando la visión que la cultura tiene de si misma y delimitando el marco en el que los actores bocetarán lo que consideran mejores o más interesantes modos de vida. De este modo la performance puede ser considerada tanto en su calidad de reproductora de un orden establecido (mediante ritos oficiales, etc.) como en su capacidad para parodiarlo, criticarlo y subvertirlo (carnaval, ritos liminoides, parodias, manifestaciones políticas).
Otros aportes han sido hechos por Richard Schechner, teórico del teatro y dramaturgo, que conoció a Victor Turner y se interesó por el estudio de los fenómenos teatrales y rituales y por la relación entre ambos. Performance es usado por este autor para designar un amplio espectro de acciones humanas que a través de la presentación o exhibición del cuerpo apunten a reforzar o transformar situaciones de existencia. Toda performance debe además implicar una conducta restaurada (twice behaved-behavior: comportamiento dos veces actuado), lo cual limita el campo de aplicación de los estudios de la performance a aquellos fenómenos vinculados a la re-presentación. Al igual que Turner, Schechner sostiene que los performers, y a veces incluso los espectadores, son transformados a través de la performance.
Pese a las diferencias que podemos encontrar dentro del amplio espectro de propuestas que se han desarrollado en torno al concepto de performance, encontramos una serie de elementos en común que las articulan entre sí, así como con las propuestas filosóficas a las que hicimos referencia en el apartado anterior.
Muchos de estos elementos comunes, que detallaremos a continuación, están en relación con el contexto de surgimiento y consolidación de los diferentes usos del concepto de performance, vinculado a la crisis de la modernidad, las corrientes posmodernas, el giro lingüístico y el replanteo del rol de las ciencias y de las artes.

Conclusiones.
Al principio de esta ponencia comentamos que la búsqueda que nos planteamos con ella estuvo motivada por una pregunta a la que habitualmente tenemos que enfrentarnos quienes elegimos ciertas líneas de investigación vinculadas al cuerpo, la danza y el arte: la pregunta acerca del aporte que este tipo de estudios puede hacer a las ciencias sociales.
A continuación y a modo de cierre provisorio de esta búsqueda que recién comienza veremos de qué manera las distintas ideas que hemos presentado hasta aquí pueden articularse para empezar a dar respuesta a esta pregunta.
Muchas veces, el reparo que muestran quienes dentro de las Ciencias Sociales se dedican a áreas ajenas a los estudios sobre cuerpo, se funda en una creencia de que este tipo de estudios tienen una escasa implicación política.
Tal como comentábamos en páginas anteriores, existe toda una línea de estudios sobre cuerpo, vinculada a los aportes de Michael Foucault y otros pensadores postestructuralistas, que pone el foco de atención en el cuerpo político y en los mecanismos y dispositivos de regulación, vigilancia y control que atraviesan estos cuerpos. Sin embargo, luego del recorrido que realizamos para la construcción de esta ponencia a través de diferentes propuestas provenientes tanto de la filosofía, como del arte y de las ciencias sociales, se puso en evidencia para nosotras que el solo hecho de dar centralidad a lo corporal implica un fuerte compromiso político, que no sólo está presente en la perspectiva postestructuralista mencionada anteriormente, sino en todas las perspectivas que, al resaltar el valor de lo corporal, están denunciando la lógica del pensamiento occidental que es la que sostiene la gran mayoría de las desigualdades e inequidades que preocupan a las Ciencias Sociales en la actualidad.
Todos los autores que hemos mencionado hasta aquí, coinciden en cuestionar esta lógica de pensamiento instaurada por la racionalidad occidental por ser la responsable de un orden social que siempre es excluyente para algunos, dado que funciona como matriz de exclusión y/u omisión respecto de toda una gama de diversidades.
El sólo hecho de hablar del cuerpo, de revalorizar el cuerpo, en el seno de una cultura que tradicionalmente lo ha subvalorado, es contrahegemónico, y va de la mano del cuestionamiento a la hegemonía del lenguaje verbal. Este cuestionamiento, basado en la consideración de que el lenguaje representacional, no solamente resulta insuficiente a la hora de captar la complejidad de una realidad que no tiene ni la coherencia ni el orden de los conceptos con los que se la pretende representar, si no que además, al darle esta apariencia, es el responsable de generar un orden falso y arbitrario, es uno de los ejes que articula la mayoría de las propuestas que hemos mencionado. Más allá de las diferencias que pueden encontrarse dentro de estas propuestas, tanto en Nietzsche, Merleau-Ponty y Butler como en los estudios sobre performance, esta crítica o sospecha sobre el lenguaje ocupa un lugar central.
En Nietzsche y en Butler, frente a este cuestionamiento aparece la necesidad de la construcción de un nuevo lenguaje, ya no vinculado al concepto y la razón sino a la parodia, la metáfora, la alusión, la ironía. Esta misma idea se encuentra presente también en muchos de los usos artísticos de la performance, que utilizan el recurso de la parodia y la ironía como forma de subvertir el orden social imperante.
Por otro lado, tanto en Merleau-Ponty y en los estudios antropológicos que retoman la propuesta de este autor, como en el caso de la perspectiva del embodiment, encontramos una fuerte revalorización del conocimiento corporizado, que también es característica de muchos de los desarrollos vinculados a la performance.
En las distintas aproximaciones que hemos revisado hasta aquí, encontramos esta crítica al racionalismo occidental centrado en el lenguaje, crítica que posibilita visibilizar al cuerpo como objeto digno de interés, ya que pone en tela de juicio su construcción como objeto y como término devaluado del dualismo a partir del cual se define al hombre en occidente. De esta manera, se desnaturalizan y deconstruyen las categorías con las que históricamente se ha aprehendido al cuerpo.
El foco en lo corporal y la crítica al racionalismo occidental y a la ciencia positivista como lógica única, posibilitan nuevas formas de conocimiento, e incluso, nuevas formas de hacer ciencia. De este modo, otras racionalidades, otras lógicas, otras formas de vincularse con el mundo y de aprehenderlo, resultan evidenciadas y son revalorizadas como formas válidas de conocimiento, e impactan en la ciencia, modificando su forma de construir el conocimiento, basada principalmente en el logocentrismo. Así, es posible la revalorización de otros tipos de saber, vinculados a las sensaciones y las emociones, frente al conocimiento científico racional sobrevalorado por la modernidad. Además, los estudios focalizados en la corporalidad posibilitan que la práctica cobre una mayor importancia frente al habitual predominio de la teoría, generalmente sobrevalorada como forma de comprensión de la realidad social.
Por otro lado, mientras la investigación científica, centrada en el lenguaje, deja afuera a todo aquel que no puede, o que no quiere, tomar la palabra y que, entonces, al no ser sujeto del lenguaje, no puede ser sujeto de investigación, el hecho de dar centralidad al cuerpo, deja ver, o permite emerger, otros sujetos, que fueron invisibilizados por la racionalidad y el logocentrismo occidental (sujetos no-masculinos, no-blancos, no-occidentales, no-cristianos, no-universitarios, no-intelectuales, no-de clase media/alta). Del mismo modo, estos enfoques permiten visibilizar y construir como objetos de estudio dignos de interés a otras prácticas, también invisibilizadas por la ciencia y la racionalidad moderna, pero fundamentales para la comprensión del fenómeno humano en su totalidad.
Por último, creemos que la consideración e integración del cuerpo como locus de conocimiento a través de la experiencia, posibilita la superación no sólo del dualismo cartesiano, sino también de la dicotomía sujeto/objeto y para el caso de las ciencias sociales la dicotomía sujeto investigador/sujeto-objeto de investigación, generando nuevas formas de hacer ciencia, más vinculadas a lo experiencial, a lo afectivo y que se propongan ser más horizontales.
Varias veces, durante el proceso de producción de este texto, dudamos acerca de la validez de incluir en ella una gama de propuestas tan variada que en ciertos puntos podrían resultar contradictorias. Sobre el final de este proceso, consideramos que tal vez, lo más importante no es la coherencia completa entre ellas, sino el hecho de que son articulables en muchos puntos y que todas son buenas para pensar lo que buscamos pensar. Lo que nosotras sentimos en relación a la experiencia de la corporalidad no es ni coherente ni ordenado, y quizá por eso no nos alcanza una teoría para poder pensarla ya que todas estas teorías nos aportan algo. A pesar de estas dudas que nos produce el hecho de mezclar autores que en algunos puntos se contradicen, sentimos que estos mismos autores nos dieron las razones para hacerlo, porque ninguno confía demasiado en la coherencia, y todos, de alguna manera, denuncian la artificialidad de los conceptos y la imposibilidad que tienen de abarcar y captar la complejidad del mundo.
Estamos seguras de que a medida que podamos profundizar en nuestras lecturas y en nuestras reflexiones sobre todas estas propuestas teóricas vamos a encontrar nuevos lazos y nuevas contradicciones, tal vez, algunas nuevas respuestas y, seguramente muchas más preguntas. Pensamos que es en esto, fundamentalmente, en lo que consiste el camino que estamos comenzando a transitar.

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martes, 8 de diciembre de 2009

Entramados convergentes: cuerpo, experiencia, reflexividad e investigación.

(Ponencia presentada en las V Jornadas de Sociología de la Universidad Nacional de La Plata. Diciembre de 2008)

Mariana del Mármol
Nahil Gelené
Gisela Magri
Karina Marelli
Mariana Sáez


Cuando hace algunos meses comenzamos a reunirnos como Grupo de Estudio sobre Cuerpo relatamos los recorridos individuales que nos habían llevado a encontrarnos. Tempranamente comprendimos que no era sólo un interés académico en conocer las perspectivas socio-antropológicas sobre el cuerpo lo que nos movía, sino que múltiples experiencias, vivencias y preguntas abiertas nos habían llevado a buscar y a formar un espacio donde la investigación, la creación y la experiencia no estuvieran separadas. En cada una de las integrantes del grupo existía la necesidad de unir los mundos que integraban nuestra vida: la ciencia y el arte, el cuerpo y la antropología, la experiencia y el conocimiento. Desde un primer momento tuvimos la certeza de que estos mundos podían integrarse en una trama productiva y creadora.
La antropología postmoderna se ha referido insistentemente a la ecuación personal y a la reflexividad que se ponen en juego en todo trabajo de campo etnográfico. Ampliando esta preocupación, enfoques teórico-metodológicos como la sociología carnal, la auto-etnografía y las corrientes que unen el post-estructuralismo y la fenomenología, han hecho hincapié en las posibilidades de conocimiento que se abren cuando quien investiga despliega un modo de conocimiento que parte desde el propio cuerpo y las propias vivencias. En esta ponencia exploraremos los aportes de estas últimas perspectivas analíticas, a la luz de las reflexiones que han surgido desde nuestras propias prácticas y deseos, partiendo de un modo de investigar en que la unidad del sujeto-cuerpo no deba ser escindida.

I De la subjetividad como un problema a la necesidad de partir de ella

El tema de la subjetividad y la reflexividad no es nuevo dentro de las ciencias sociales, y mucho menos dentro de la antropología. Desde los orígenes de esta disciplina se ha tematizado acerca de la inevitable huella personal que deja el investigador en el conocimiento que produce. En la gran mayoría de los textos fundantes de la antropología podemos encontrar referencias a la necesidad de separar el dato objetivo, la descripción pura, de los comentarios, reflexiones e interpretaciones del investigador. Así, en el clásico Los argonautas del Pacífico occidental, Bronislaw Malinowsky critica la falta de rigurosidad metodológica de las obras que “no se dedican expresamente a describir en qué circunstancias se efectuaron las observaciones y cómo se compiló la información”, y agrega: “considero que una fuente etnográfica tiene valor científico incuestionables siempre que podamos hacer una clara distinción entre, por una parte, lo que son los resultados de la observación directa (…) y, por otra parte, las deducciones del autor” (1972: 21).
Durante mucho tiempo, el sesgo inevitable de la subjetividad del investigador en su obra fue visto como un problema, como algo que debía ser controlado por distintos medios, en pos de una mayor objetividad. Así, en Controles y experimentos en el trabajo de campo, Oscar Lewis, sugiere diferentes formas de aumentar las posibilidades de obtener datos más confiables y objetivos, a las que denomina genéricamente controles y define como “cualquier técnica o método que permita la disminución de las probabilidades de error en la observación, recolección e interpretación de los datos de campo” (1975:103).
Entre los controles recomendados por este autor, resalta la importancia del control de la ecuación personal. Lewis señala que, dado que “la ecuación personal del investigador lo impregna todo necesariamente (…) para alcanzar un grado elevado de objetividad, el estudiante debe conocerse bien personalmente, tener conciencia de sus prejuicios, se sus sistemas de valor, de sus debilidades y de sus fuerzas” y agrega que inclusive, “en algunos círculos se ha recomendado que los trabajadores de campo se psicoanalicen.” (Ibid: 104). El sentido de estos procedimientos, es claramente explicitado por Nadel, cuando dice que “si la subjetividad es inevitable, por lo menos puede hacerse pública.” (1951: 49).
A partir de la crisis de confianza en las ciencias sociales que empieza a emerger en la segunda mitad del siglo XX, haciéndose más notoria a partir de los años ‘70, en consonancia con el debilitamiento de la utopía de acumulación y progreso y del paradigma científico positivista, surge la pregunta acerca de si la tan aclamada objetividad es posible y aún deseable.
En este contexto toman fuerza los enfoques interpretativistas, y empiezan a legitimarse las múltiples perspectivas a partir del reconocimiento de la pluralidad de voces, adquiriendo gran importancia las narraciones, en las que el conocimiento se encuentra entrelazado con las vidas concretas y las experiencias personales, que comienzan a ser consideradas fuente de conocimiento. El relato en primera persona es reivindicado hasta el punto de que el conocimiento en sí no deja de ser una narración más que participa en el mundo de las narraciones sobre la vida.
Esto conduce a una valoración positiva de la subjetividad y las emociones del investigador, que dejarán de ser una mancha, algo que contamina para convertirse en un material que aporta a la investigación y la enriquece, llegando a ser además de algo necesario y deseable, lo único posible.
Dentro de estos enfoques posmodernos, que resaltan el carácter fragmentario y plural de los discursos manifestando su desconfianza hacia cualquier relato totalizante que pretenda generar un efecto de solidez, coherencia y verdad, surge la autoetnografía: “un género de tipo autobiográfico que muestra diferentes niveles de conciencia que conectan lo personal con lo cultural. Es una mirada que recorre un camino de ida y vuelta entre lo social y lo personal. En esta ida y vuelta, la frontera entre lo personal y lo social se diluye.” (Ellis y Bochner citado en Feliu, 2007: 267).
Uno de los ejemplos más paradigmáticos del abordaje autoetnográfico puede encontrarse en los aportes de Renato Rosaldo, quien utiliza su propia experiencia en función del análisis científico, proponiendo la sensibilización como una manera de acercarse al objeto observado.
Lejos de intentar mantener la distancia o dejar a un lado las experiencias personales, Rosaldo las considera como una fuente o punto de partida desde el cual acercarse al fenómeno a estudiar. Resalta la importancia de la experiencia emocional para la comprensión de todo lo humano. Para Rosaldo la emoción es una dimensión constitutiva del fenómeno humano que no puede ser dejada a un lado si se pretende comprenderlo en profundidad. Es por esto que propone partir del insight personal y usar la interioridad para entender el afuera, para establecer un diálogo con el otro. La emoción es el vehículo que le permite vincularse tanto con los sujetos a los que estudia como con los lectores.
Rosaldo destaca la importancia de que el etnógrafo no pierda de vista ni deje de explicitar su posición en tanto sujeto ubicado. Este concepto de ubicación se refiere al lugar desde el cual el investigador observa y entra en relación con el fenómeno a estudiar y a la forma en que sus experiencias personales le permiten comprender algunas cuestiones mejor que otras, echando luz sobre ciertas aristas y oscureciendo otras.
Otro aspecto interesante de la propuesta de Rosaldo radica en el hecho de que puede resolver el problema de la subjetividad y la reflexividad capitalizándolas positivamente sin caer en el exceso de autorreferencialidad que se les critica a otros autores posmodernos.
En tanto, Nick Crossley, en el marco de la Sociología Carnal, propugnará un enfoque que tras reconocer que todo conocimiento del mundo y de uno mismo tiene una implicación corporal, pone en un lugar central al cuerpo actuante del investigador o la investigadora. Para comprender con mayor profundidad esta propuesta, en la que se invierten los términos en los que se ha estudiado tradicionalmente al cuerpo, resaltando “lo que el cuerpo hace” y no tan sólo “lo que se le hace al cuerpo”, es necesario remontarnos brevemente a la historia de los estudios del cuerpo.

II Breve recorrido por los estudios sobre el cuerpo/ desde el cuerpo

Más allá de la existencia de ciertos trabajos pioneros (Hertz, 1907; Mauss, 1934) los campos de la antropología y la sociología del cuerpo recién comenzaron a delinearse en las décadas del ´70 y ´80. Hasta ese momento, el cuerpo prácticamente no había sido problematizado desde las ciencias sociales, su estudio parecía pertenecer de manera natural al dominio de las ciencias biológicas (Citro, 2004). Esta invisibilización del cuerpo como un objeto de estudio digno de interés para las ciencias sociales puede vincularse con el enfoque dualista sobre el hombre que dominó gran parte del pensamiento occidental (desde la tradición platónica y judeocristiana) consolidándose a partir del modelo que instaura la filosofía de Descartes. Desde este enfoque, “el cuerpo se escinde de la razón o el espíritu pasando a constituir el término no valorado de la relación, un mero ´objeto‘ que se ´posee‘ en oposición a la razón o el espíritu que definen al ser” (Citro, 2004: 2).
Si bien esta concepción dualista predomina en occidente desde la antigüedad, según David Le Bretón, el concepto de cuerpo adquiere su significado actual durante la modernidad, cuando la distinción entre el cuerpo y el hombre se profundiza y el cuerpo se vuelve factor de individuación.
La mayoría de los estudios antropológicos sobre el cuerpo se oponen a esta tradición de pensamiento deconstruyendo, por un lado, la idea del cuerpo como un mero objeto natural al mostrarlo como una construcción sociocultural, y reconociendo, por otro lado, en la corporalidad un elemento constitutivo de los sujetos.
En su trabajo “El cuerpo mindful (pensante)…” las antropólogas Nancy Scheper- Hughes y Margaret Lock, reelaboran los conceptos disponibles acerca del cuerpo, examinando tres perspectivas a través de las cuales puede verse. Proponen un análisis en tres niveles:
“En un primer nivel, y quizás el más auto-evidente, encontramos el cuerpo individual, entendido en el sentido fenomenológico de la experiencia vivida del body-self (ser cuerpo) (…) En un segundo nivel de análisis encontramos el cuerpo social, referido a los usos reprensentacionales del cuerpo como símbolo natural a través del cual pensar la naturaleza, la sociedad y la cultura(...) El tercer nivel de análisis es el cuerpo político, que se refiere a la regulación, vigilancia y control de los cuerpos (individuales y colectivos) (…) En este sentido, los tres cuerpos no sólo representan tres unidades de análisis separadas y yuxtapuestas, sino tres enfoques teóricos y epistemológicos diferentes: fenomenología (el cuerpo individual, lived self, el ser vivido), estructuralismo y simbolismo (el cuerpo social), y el postestructuralismo (el cuerpo político).” (1987: 3, 4).
Es decir, que a partir de la emergencia del cuerpo como tema de estudio digno de interés para las ciencias sociales, pueden distinguirse, básicamente, tres líneas de abordaje:
- La primera de estas líneas destaca el carácter político del cuerpo. Desde esta perspectiva el cuerpo es visto como lugar de inscripción de los discursos sociales, atravesado por dispositivos de disciplinamiento, normalización, vigilancia y control (Foucault, Agamben, Lock, Butler).
- La segunda línea, se caracteriza por realizar un abordaje del cuerpo como representación, como fuente de simbolismos o medio de expresión. Desde esta perspectiva, el cuerpo es visto como producto de un conjunto de sistemas simbólicos socialmente compartidos y atravesado por significaciones que constituyen la base de su existencia individual y colectiva (Mary Douglas, Geertz, Heritier, Le Bretón).
- En contraposición a estas dos líneas que ven al cuerpo como objeto de atravesamientos políticos y simbólicos, surge una tercera. Ésta parte fundamentalmente de la crítica a los enfoques netamente representacionales que perciben al cuerpo sólo como signo o símbolo, lo que ha hecho que sea considerado como pasivo e inerte. Desde este enfoque, que plantea la necesidad de destacar el carácter activo y transformador de la praxis corporal en la práctica social (Jackson, 1893) basándose en la noción de ser-en-el mundo de Maurice Merleau Ponty (y, en algunos casos, en los conceptos de práctica y habitus de Bourdieu), se propone recuperar la perspectiva del embódiment: “una aproximación fenomenológica en la que el cuerpo vivido es un punto de partida metodológico antes que un objeto de estudio”(Csordas, 1993: 136).
En la actualidad, la tendencia predominante es a la utilización de manera combinada de estas tres perspectivas. Adhiriendo a esta tendencia, la antropóloga Silvia Citro propone un abordaje dialéctico “que busca describir la experiencia práctica del cuerpo en la vida social, la materialidad del cuerpo y su capacidad pre-reflexiva de vincularse con el mundo” (2004: 6). Según este abordaje, nuestras percepciones, sensaciones, gestos y movimientos están socialmente construidos pero son, a la vez, socialmente constituyentes, dado que un cambio en estos modos de vincularnos con el mundo mediante el cuerpo podría generar nuevas formas de sociabilidad y afectividad produciendo cambios en las prácticas sociales en las que estos modos se despliegan. Es decir que la materialidad del cuerpo y su experiencia práctica están atravesadas por significantes culturales que se inscriben en nuestros propios cuerpos.
Esto no significa que los cuerpos se reduzcan a los discursos sociales que en ellos se inscriben; por el contrario, esta perspectiva resalta la capacidad creadora de lo corporal al considerar “que persiste siempre una cierta autonomía de las prácticas del cuerpo, cierta irreductibilidad de la materialidad del cuerpo a la omnipotencia del lenguaje” (ibid. 6). A partir de este reconocimiento de la constitución material-simbólica de la corporalidad, esta autora sostiene que la descripción fenomenológica de las prácticas “debe complementarse con la compresión de los múltiples sentidos que los sujetos nos revelan en sus discursos sobre aquellos significantes claves de su vida social” (ibid. 7).
Dentro de esta misma línea podemos situar los aportes de Nick Crossley, y su propuesta de realizar una sociología carnal del cuerpo. Dicho autor ha señalado que la sociología del cuerpo comúnmente maneja un enfoque que se centra en “lo que se le hace al cuerpo” observándolo predominantemente desde el punto de vista de su constitución como objeto significativo, atravesado por discursos y prácticas de regulación, control y transformación. Frente a esto, propone sumar un enfoque que se ocupe de comprender “qué es lo que el cuerpo hace”, otorgándole a éste un rol activo en la vida social, y teniendo en cuenta las bases incorporadas (embodied), es decir, internalizadas en y producidas por el cuerpo. (1995).
Partiendo de que el cuerpo no es sólo algo sobre lo que se actúa sino que también es sujeto productor de acción, Crossley propone que las ciencias sociales no se detengan en el estudio del cuerpo, sino que avancen hacia la inclusión de estudios desde el cuerpo; es decir, que el cuerpo no sólo sea sujeto objeto de investigación, sino herramienta y sujeto de conocimiento, lo que implica dar centralidad al cuerpo actuante del investigador o la investigadora. Según Löic Wacquant, la sociología carnal “toma en serio, tanto en el plano teórico como en el metodológico y retórico, el hecho de que el agente social es, ante todo, un ser de carne, nervio y sentidos (en el doble sentido de sensual y significado), un “ser que sufre” (…) y que participa del universo que lo crea y que, por su parte, contribuye a construir con todas las fibras de su cuerpo y su corazón” (2006: 15). Es decir que, sin olvidar lo que la antropología del cuerpo ha conseguido poner en escena, esto es, que el cuerpo es una construcción social específica para cada cultura, esta construcción diversa y desigual de los cuerpos se hace sobre un sustrato común: el cuerpo, en tanto materialidad, en tanto encarnación del sujeto, es el sustrato compartido de la experiencia humana (Citro, 2006).
Estas consideraciones que hacen hincapié en la materialidad y la fisicalidad de los cuerpos están vinculadas estrechamente al pensamiento de Merleau-Ponty quien sostiene que quien percibe es un sujeto hecho carne con el mundo, un ser-en-el-mundo. La experiencia de la percepción es corporal, pre-reflexiva, pre-objetiva, basada en la inescibilidad del vínculo del sujeto con el mundo. El concepto de carne hace referencia a “un sintiente sensible que no puede desligarse de su relación con un mundo” (Citro, 2006: 64); y que toma forma de cuerpo sólo cuando es pensado, objetivado, escindido de su condición existencial de carne. El cuerpo perceptivo es visto como un agente de las prácticas culturales, e inversamente, las prácticas culturales son resultado del trabajo de un cuerpo-sujeto activo. La percepción es el más fundamental y primordial aspecto de la subjetividad humana. Percibiendo nos convertimos en cuerpos-sujetos.Asimismo, el discurso es un proceso carnal, se produce mediante el trabajo del cuerpo y no necesitamos elegir entre estudiar el cuerpo real y las representaciones del cuerpo. Podemos estudiar el cuerpo como un ser o un existente que construye representaciones de si mismo y de otros cuerpos.
Un concepto que liga la experiencia carnal del sujeto que construye representaciones de otras existencias humanas, hechas a su vez carne en el mundo, es el de intercorporalidad. Pues estas existencias están enlazadas y abiertas una a la otra: ver al otro no es tener una representación interna de él, ni tenerlo como objeto de pensamiento, es ser-con-él.
Esta cuestión de la apertura del ser, se encuentra, para Merleau-Ponty, en íntima relación con la percepción, a la que considera “una experiencia incorporizada (…) un pensamiento o juicio reflexivo que confiere sentido y significado al mundo. No es una representación interna del mundo externo, ocurre en el mundo tanto como en la mente, es un ser abierto, una apertura del ser”.
El filósofo Jean – Luc Nancy, en su texto A la escucha amplía o, valga la redundancia, abre más dicha condición abierta del ser, sobre todo a partir del concepto de resonancia; es allí donde podemos empezar a establecer relaciones entre entendimiento y percepción, entre sentido y sonido, entre cuerpo y voz, como partes íntimas del “cuerpo hablante” las cuales componen el único sujeto que es posible, el sujeto que resuena, “que responde a un impulso, un llamado, una convocatoria de sentido (el sentido aquí se entiende como una escucha en la que sólo viene a resonar la resonancia, y en ella están juntas, la fuente sonora y su percepción).” (2007: 62).
Para Nancy, “es conveniente ir al fondo de la cuestión sin estar atado a una primacía del lenguaje y de la significación mediante tratamientos filosóficos simultáneos, no apáticos ni anestesiados:
- tratar la > no sólo como la condición, sino como la remisión misma y la apertura del sentido, como ultrasentido o sentido que va más allá de la significación o la pasa por alto;
- tratar al cuerpo, con anterioridad a cualquier distinción de lugares y funciones de resonancia, como si fuera en su totalidad (y >) [como pensara Artaud] caja o tubo de resonancia del ultrasentido.
- y a partir de ahí, considerar al <sujeto> como aquello que, en el cuerpo, está o vibra a la escucha – o ante el eco – del ultrasentido.” (ibid. 62-64)
En este sentido, es para el antropólogo, muy pertinente pensar en la cuestión de la escucha como escucha de la resonancia de su cuerpo-voz de investigador en otros cuerpos voces, como un proceso que se reafirma en la escucha de los ultrasentidos, al mismo tiempo de esos otros como de sí mismo. Este vibrar como fuente de escucha/entendimiento de los sonidos-sentidos, ecos de una profundidad abierta, existentes por una remisión infinita. En palabras del autor: “Escuchar es estar tendido hacia un sentido posible y, en consecuencia, no inmediatamente accesible.(…) La escucha se dirige a – o es suscitada por – aquello donde el sonido y el sentido se mezclan y resuenan uno en otro o uno por otro; si se busca sentido en el sonido, como contrapartida, se busca sonido, resonancia, en el sentido.” (2007:18, 19).
Aquí la cuestión del sonido no es una metáfora para pensar la percepción más allá del “ver”, del comprender, de la significación obligada: es efectivamente la posibilidad de empezar a hablar desde el cuerpo con todos los sentidos, más aún si queremos “decir” de otras maneras, acerca de las prácticas como la danza y el canto, que se han producido y se producen desde ese estado de vibración y escucha, de una manera carnal, atravesada por lo simbólico sí, atravesada históricamente por la disciplina también, pero colmada de potencia y resonancia, de fuente sensitiva y conceptual, que nos convoca a habitar esa apertura para poder escuchar nuestras verdades.
Decir algo sobre la experiencia que se nos muestra de manera pre-reflexiva, tiene que ver con poder crear otras maneras de nombrarla. En el posfascio de 58 indicios sobre el cuerpo, otra obra de Jean – Luc Nancy, Daniel Alvaro sostiene que “nuestra tradición entera, al menos desde Platón y el cristianismo, no concibe y ni siquiera imagina algo que no sea el ‘cuerpo significante’, es decir, el cuerpo sometido al orden del sentido. La invención y permanente construcción del ‘cuerpo’ a lo largo de la historia de Occidente se habría organizado a partir de una multiplicidad de discursos de origen muy diverso, principalmente a partir de discursos provenientes de la teología, la filosofía, la teoría política, la semiología, el psicoanálisis y la literatura. Puestas a un lado sus diferencias y las características específicas que los definen, lo que conformaría el fondo común de estos discursos es una suerte de impotencia generalizada y sistemática. Impotencia del discurso para pensar el cuerpo sin por ello significarlo. O dicho a la manera de Nancy: impotencia del discurso para hacer justicia a la evidencia del cuerpo, al aquí y ahora de nuestros cuerpos. Para hablar del cuerpo se necesita acaso un discurso completamente distinto. Uno capaz de hablar a partir del cuerpo y no simplemente del cuerpo. Un discurso que antes de producir o de dar sentido al cuerpo lo afecte en toda su extensión y por lo tanto en su existencia misma.” (2007: 53, 54)
Esta necesidad de crear nuevas formas de nombrar, requiere habilitar y habitar nuevos espacios de reflexión/acción, en los que puedan confluir los recorridos transitados, fragmentariamente, pero con la presencia del deseo de unidad, no sólo como parte de la condición y problemática posmoderna que nos define sino como lugar de convergencia y punto de partida.

III Entramados convergentes

Si como se sostuvo al principio de esta ponencia, de alguna u otra manera, la experiencia personal siempre se ve imbricada en lo académico, retomar reflexivamente el material propio de cada investigador, puede volverse enriquecedor. Por eso, no habiendo razones para negar esta articulación, ya que la misma se nos aparece como punto desde el cual partir, como disparador y como mediatriz de nuestras prácticas/reflexiones, hace algunos meses comenzamos a reunirnos como grupo de estudio e investigación desde/sobre el cuerpo, con la necesidad de unir las distintas trayectorias por la que cada una de nosotras ha transitado.
Este grupo está conformado por seis mujeres estudiantes y graduadas en Antropología, Biología, Danza Contemporánea, Danza Teatro, Expresión Corporal y Canto; todas compartimos el hecho de haber pasado por la Universidad y al mismo tiempo habernos dedicado al estudio y práctica de una/varias de las mencionadas disciplinas artísticas.
Desde nuestros primeros encuentros, se puso de manifiesto un objetivo fundante: crear un espacio para pensar lo que nos pasa con el cuerpo, pero también, para crear nuevas maneras de decir con nuestro cuerpo-voz, y de ese modo construir puentes, que posibiliten la reflexión acerca de la tarea de investigar desde y sobre la experiencia.
En el fondo de nuestras búsquedas estaba el deseo de conocer/nos, y la certeza de que una sola de esas vías no alcanzaba y todas por separado tampoco. Por ello, nos fue necesario generar un espacio concreto en el cual poder tematizar los cruces y conexiones que veníamos transitando individualmente entre la ciencia y el arte: estetizar el conocimiento y reflexionar acerca del arte; porque de todos modos, portamos el hábito de analizar aún fuera del ámbito académico pero también portamos nuestra experiencia, nuestros deseos, nuestro cuerpo cuando hacemos investigación.
En este afán de crear algo nuevo, de inventar un espacio que sentimos que no existe, no sólo un grupo de estudio, sino también un lugar que nos permita integrar la creación y la experiencia en la reflexión, encontramos una suerte de resistencia, que se gesta en las grietas de lo establecido.
Para pensar en esta cuestión, puede resultarnos útil el concepto de agencia. Según Judith Butler en el proceso de repetición de normas se desarrolla como una suerte de producción ritualizada; la reiteración de los discursos genera un efecto de solidez que los hace parecer inmutables. Pero como la determinación nunca es completa, se hace posible la desviación en la repetición y la ruptura de la norma. Esto posibilita que el sujeto se haga cargo activamente del poder que lo produjo, constituyéndose en agente, capaz de utilizar positivamente el poder que lo produjo. (2002: 28). Es en este sentido que creemos que el hecho de generar pequeñas rupturas a modo de microrresistencias contribuye a diluir la solidez de las fronteras que separan los diferentes campos de los que formamos parte o, al menos, a volverlas más permeables. En esta posibilidad de constituirnos en agentes existe una potencia que se encuentra inexorablemente ligada a las emociones.
Como hemos dicho más arriba, para la ciencia, el problema de las subjetividades ha sido durante mucho tiempo un obstáculo a eludir. Lo mismo ha pasado con las emociones, que han sido invisibilizadas en la gran mayoría de las investigaciones, suprimiéndose, tanto como componente de dichas subjetividades, como en cuanto temática.
Rosaldo llama la atención acerca de la manera en la que las ciencias sociales han eludido el tratamiento de los episodios de la vida que involucran emociones intensas y, en los casos en los que han abordado dichos episodios como tema de sus investigaciones, lo han hecho de manera distante y ritualizada. En este sentido, critica a las etnografías que han trabajado el tema de la muerte, subrayando no sólo la frialdad con la cual tratan este tema sino también, el empobrecimiento y la artificialidad a nivel, tanto metodológico como interpretativo, que implica sostener esa racionalidad: “…las etnografías escritas según las normas clásicas, consideran a la muerte como un ritual en vez de una desdicha (…) Las etnografías que de esta forma eliminan las emociones intensas, no sólo distorsionan sus descripciones, sino que también descartan variables potenciales clave de sus explicaciones.” Y agrega: “las ciencias humanas deben explorar la fuerza cultural de las emociones para delinear las pasiones que provocan ciertas formas de conducta humana”. (1989: 10, 16)
Podríamos decir que la conformación de nuestro grupo esta atravesada por las emociones en los mismos niveles en los que las ciencias han tratado de eludirlas: no sólo porque consideramos que constituyen un tema que debe ser estudiado, sino porque creemos que sólo dando lugar a las emociones dentro de nuestras investigaciones podremos lograr profundidad en el proceso de comprender/nos en y con los otros.
Además, nuestras experiencias corporales, al estar vinculadas con el arte han construido en nosotras modos de ver y de ser-en-el-mundo, de experienciar y de pertenecer al mundo, en los que la emoción está siempre presente. La posibilidad de conocer y conocernos desde el cuerpo nos permite trasformar nuestro mundo y a nosotras mismas, reafirmando que el cuerpo no es sólo sujeto objeto de investigación, sino herramienta y sujeto de conocimiento. Todo esto se ve potenciado en el trabajo grupal, ya que al compartir las experiencias, los intereses y las expectativas, que resuenan en el otro (la otra) entrelazando nuestras existencias en una suerte de intercorporalidad, empieza a volverse posible hablar desde el cuerpo con todos los sentidos, para poder decir de otras maneras.

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domingo, 7 de junio de 2009

Ana Sabrina Mora




Es Licenciada en Antropología y Doctora en Ciencias Naturales (orientación Antropología) por la Universidad Nacional de La Plata (UNLP). El título de su tesis de doctorado es "El cuerpo en la danza desde la antropología. Prácticas, representaciones y experiencias durante la formación en danzas clásicas, danza contemporánea y expresión corporal"; estuvo basada en un trabajo etnográfico realizado en la Escuela de Danzas Clásicas de La Plata.
Es investigadora adjunta del Consejo Nacional de Investigaciones Científicas y Técnicas (CONICET) desde el 1° de abril del año 2013. Ha sido becaria de postgrado y de post-doctorado del mismo organismo entre los años 2005 y 2013. El tema de su proyecto de investigación individual es “Cuerpo, subjetividad e identidad: procesos de formación, circuitos y trayectorias en torno al aprendizaje de distintas formas de danza en contextos urbanos”. 
Se especializa en antropología del cuerpo, antropología de la danza, antropología del género y antropología de las juventudes, y trabaja en la construcción del campo de la antropología de las artes escénicas y performáticas. Las temáticas de sus investigaciones incluyen: prácticas, representaciones y experiencias durante la formación en danzas clásicas, danza contemporánea y expresión corporal; artes performáticas en espacios públicos; trayectorias y circuitos de asociatividad en artistas; construcción de corporalidades y subjetividades en torno al break-dance en espacios públicos; estrategias teórico-metodológicas en la investigación socioantropológica sobre artes escénicas y performáticas; discursos y experiencias en torno a embarazo, parto, puerperio y maternidad; poéticas de artistas transgénero. Actualmente realiza trabajo de campo con grupos de break-dance y con crews de MCs (raperos) de distintos barrios del partido de La Plata.
Se desempeña como coordinadora del Grupo de Estudio sobre Cuerpo (GEC), en el Centro Interdisciplinario Cuerpo, Educación y Sociedad (CICES), dentro del Instituto de Investigaciones en Humanidades y Ciencias Sociales (IdIHCS-UNLP/CONICET), desde su formación el 30 de mayo de 2008. En el mismo instituto de investigaciones dirige proyectos de investigación desde el año 2013: "Artes performáticas en espacios públicos, corporalidades y políticas del "estar juntos". Un estudio de las prácticas y las representaciones en grupos de danza, teatro, circo y música en el partido de La Plata", en el período 2013-2014, y "Formación de asociaciones de artistas y prácticas en espacios públicos en el partido de La Plata. Un estudio de las prácticas y las representaciones en grupos de danza, teatro, circo y música", en el período 2015-2016. Integra como investigadora el Laboratorio de Estudios en Cultura y Sociedad (LECyS-FTS-UNLP), participando en proyectos sobre circuitos y trayectorias juveniles y sobre experiencia urbana, con la dirección de la Dra. Mariana Chaves.
Es Jefa de Trabajos Prácticos de la cátedra Antropología Sociocultural II de la Facultad de Ciencias Naturales y Museo de la UNLP. Ha sido docente-investigadora en la Facultad de Trabajo Social de la UNLP, en la Licenciatura en Psicomotricidad de la Universidad Nacional de Tres de Febrero y en distintos Institutos Superiores de Formación Docente.
Ha publicado libros, capítulos en libros y artículos en revistas científicas nacionales y extranjeras, y ha participado en reuniones científicas del país y del exterior. 
Toma clases de danza desde los 6 años.

viernes, 5 de junio de 2009

Mariana del Marmol

Mariana del Mármol es Doctora en Antropología por la Universidad de Buenos Aires y Licenciada en Antropología por la Universidad Nacional de La Plata. Su tesis de doctorado, dirigida por la Dra. Ana Sabrina Mora, se titula "Una corporalidad expandida. Cuerpo y afectividad en la formación de los actores y actrices en el circuito teatral independiente de la ciudad de La Plata". 
Fue becaria doctoral de la Universidad Nacional de La Plata y del CONICET y actualmente es becaria post-doctoral de este mismo organismo con el proyecto "Asociación, colaboración y reciprocidad en la producción y gestión del teatro independiente de la ciudad de La Plata".
Integra el Grupo de Estudio sobre Cuerpo (CICES-IdIHCS-UNLP/CONICET) desde su creación en el año 2008 y desde allí, participa en investigaciones colectivas acerca de la corporalidad en las artes escénicas y performáticas, generando espacios de articulación entre el arte, las ciencias sociales y la filosofía.
Fue organizadora del I y II Encuentro Platense de Investigadores en Danza y Performance y del ECART - III Encuentro Platense de Investigadores en Artes Escénicas y performáticas. Fue parte del comité organizador nacional del I Encuentro Latinoamericano de Investigadores sobre Cuerpo y Corporalidades en las Culturas. Integró el equipo organizador del Festival Danzafuera.
Coordinó la edición del libro Ni adentro ni afuera. Articulaciones entre teoría y práctica en la escena del arte publicado en el año 2013 por Club Hem editores.
Fue docente de la materia Cultura, Estado y Salud en la Carrera de Enfermería Universitaria de la Universidad Nacional de La Plata, de la cátedra de Antropología de la Salud de la Universidad Nacional Arturo Jauretche y del Bachillerato para Adultos con Orientación en Salud CEBAS N°48.
Desde 2014 se desempeña como Ayudante Diplomada de la Cátedra Etnografía I (Facultad de Ciencias Naturales y Museo) y como adscripta a la Cátedra de Epistemología de las Artes (Facultad de Bellas Artes) de la UNLP.
Ha publicado capítulos en libros y artículos en revistas científicas y ha participado diversas reuniones científicas y artísticas a nivel local y regional.
Es actriz y bailarina. Fue alumna de la carrera de Expresión Corporal de la Escuela de Danzas Clásicas de La Plata y realizó numerosos talleres y seminarios de investigación y creación en danza. Actualmente continúa su formación en Danza Contemporánea y Teatro y participa de diversas actividades y proyectos vinculados a la creación y producción en artes escénicas.

jueves, 4 de junio de 2009

Gisela Magri

La Plata, 1982. Se formó en técnica vocal y repertorio popular con Emilce Vasaro, Lidia Borda, y Paola Gamberale en EMPA, así como en danza y teatro (Escuela Danzas de La Plata/Escuela de Teatro de la Pcia de Bs As / Diana Rogovsky /Laura Valencia) y en la carrera de Música Popular de la FBA - UNLP. Es Lic. en Antropología, egresada de la UNLP. Integró el dúo/cuarteto de tango “Todo menos la canción”(2001 - 2004), Magri-Palumbo tango(2005 - 2008), con quien grabó el trabajo "Tango Linde" (magripalumbotango.bandcamp.com) editado en forma independiente en 2006, y ha participado de diversas formaciones musicales en tango, folklore argentino y latinoamericano, samba y mpb. En 2012 lanzó su primer trabajo discográfico solista "Glicina oscura, tango y samba enredados", Acqua Records, 2012, (www.facebook.com/giselamagrioficial) el cual ha sido recibido elogiosamente por la crítica (glicinaoscura.com.ar). Desde 2008 junto a otras antropólogas/artistas funda el Grupo de Estudio sobre Cuerpo (CICES/IdIHCS-Conicet/FHCE/UNLP), desarrollando desde ese equipo su formación e investigación teórico-práctica sobre la voz y el canto como práctica corporal, sociocultural y artística, así como diversos proyectos de investigación colectiva y encuentros de investigadores/performers (www.facebook.com/ecart.lp) . Ha trabajado como docente en la Facultad de Bellas Artes de la UNLP, y dictado el taller “Canto desde el cuerpo” para el Proyecto de Extensión Universitaria "Identidades en movimiento" en 2010 y 2011. Fue intérprete/ creadora de la obra de danza contemporánea "Fierro" dirigida por Diana Rogovsky, para la cual además realizó la creación sonora. Ha dictado clases y talleres de canto en espacios culturales autónomos de La Plata y Ensenada. Desde 2011 es becaria de investigación de UNLP y actualmente de Conicet, y es estudiante del Doctorado en Artes – Línea de Formación en Artes Contemporáneo Latinoamericano – de la Facultad de Bellas Artes de esa casa, con su proyecto “Cantantes contemporáneos de Música Popular latinoamericana en La Plata”. Desde 2013 integra el colectivo-asociación Cuchá! Músicos Platenses Produciendo (cuchamusicos.com.ar).

miércoles, 3 de junio de 2009

Mariana Lucia Saez



Mariana Lucía Sáez, es Licenciada en Antropología por la Facultad de Ciencias Naturales y Museo (FCNyM, UNLP) y Doctora de la Universidad de Buenos Aires, Facultad de Filosofía y Letras, orientación Antropología.
Integra el Grupo de Estudio sobre Cuerpo (Centro Interdisciplinario Cuerpo, Educación y Sociedad, Instituto de Investigaciones en Humanidades y Ciencias Sociales, UNLP-CONICET) desde su formación en el año 2008.

Se desempeña como Ayudante Diplomada de la Cátedra Etnografía I (Facultad de Ciencias Naturales y Museo) y como adscripta a la Cátedra de Epistemología de las Artes (Facultad de Bellas Artes, UNLP).
Ha participado en proyectos de investigación, publicado artículos y asistido a diversas reuniones científicas y artísticas.
Es además bailarina y docente de danza. Formada en Danza Clásica y Danza Contemporánea en la Escuela de Danzas Clásicas de La Plata, complementó sus estudios en forma independiente asistiendo a talleres, cursos y seminarios de distintas técnicas y disciplinas. Ha sido parte de diferentes grupos de danza con los que ha realizado diversas obras y presentaciones y ha participado en encuentros y festivales. Ha cursado las "Clínicas de Investigación y Montaje", del Centro Cultural de la Cooperación y el "Curso de Formación para la Colaboración Cultural. Red en Movimiento 2.0", organizado por la Red Sudamericana de Danza y Cultura Senda.
Actualmente integra “Aula 20”, Grupo de Danza Contemporánea de la Facultad de Bellas Artes (Universidad Nacional de La Plata) y forma parte de la compañía independiente “Proyecto en bruto”, que ha sido subsidiada por el Instituto Prodanza para la realización de dos de sus producciones.

martes, 2 de junio de 2009

Juliana Verdenelli


Juliana Verdenelli es Licenciada en Sociología por la Universidad del Salvador (USAL), estudiante del Doctorado en Antropología Social del IDAES- UNSAM y de la Maestría en Antropología Social de FLACSO.   
Integra el Grupo de Estudio sobre Cuerpo coordinado por Sabrina Mora (CICES-IdIHCS-UNLP/CONICET) y se ha incorporado recientemente al Núcleo de Estudios Antropológicos sobre Danza, Movimiento y Sociedad coordinado por María Julia Carozzi (IDAES- UNSAM).
Como becaria doctoral del CONICET se encuentra en las etapas iniciales de su investigación sobre “Sexualidades y moralidades en movimiento. El baile social del tango en el contexto contemporáneo”.
Ha participado en proyectos de investigación, publicado artículos y asistido a diversas reuniones científicas y artísticas.
Entre el 2011 y el 2014 integró el equipo de capacitación del Programa Nacional de Salud Sexual y Procreación Responsable (PNSSyPR- MSAL). Asimismo, durante los años 2013 y 2014 se desempeñó como docente de la materia Métodos Cualitativos de Investigación en la carrera de Relaciones Internacionales de la Universidad del Salvador. En el 2011 dictó el seminario Terapias Corporales, en el marco de la Diplomatura en Danza dirigida por Oscar Araiz en la Universidad Nacional de San Martín.
Es además profesora de yoga (Centro Ananda) y danza movimiento terapeuta (Universidad CAECE). Fue alumna del Instituto Universitario Nacional del Arte (IUNA) y posee formación artística en danzas clásica, contemporánea y tango. Actualmente continúa sus estudios en diversas técnicas y disciplinas de manera independiente, a la vez que participa de actividades y proyectos vinculados a la creación y producción en las artes escénicas.










Natalia Mariana Pagano

Licenciada en Psicología egresada de la U.N.L.P, formada en psicodrama y psicodanza en la Asociación Argentina de Psicodrama y Psicoterapia de Grupo y formándose en en infancia, niñez y adolescencia en la UBA.

Realizó estudios en danza contemporánea, clásica y trabajo corporal con las maestras Mariana Estévez, Florencia Olivieri y Diana Rogovsky, en el “Centro de Formación y Producción Artística La Casa”. Participó en distintos seminarios y talleres de creación coreográfica, improvisación y análisis del movimiento dictados por Diana Rogovsky, Eugenia Estévez, Marie Bardet, como así también en distintos seminarios y laboratorios de Contac Improvisación dictados por Elina Bonard, Fernanda Tappatá. Ha participado también de las “Clínicas de investigación y montaje en danza” coordinadas por Gabily Anadón del Centro Cultural de la Cooperación (CCC), entre otros.

Realizó cursos en la Universidad Federal de Bahía (UFBA) Brasil.

Participó como intérprete en la obra y videodanza “Siempre” y como creadora e intérprete de la obra “Cuerpo de Baile”, producciones del Colectivo Siempre -Arte y acción política del cual es integrante desde el año 2006, como así también en la obra independiente “Diverge (e)n A” junto a Carolina Escudero, bajo la asistencia de Diana Rogovsky. Actualmente participa en la creación e interpretación de una obra de danza en proceso, bajo la dirección de junto a Mariana Del Mármol bajo la dirección de Fernanda Tappatá.

Es Integrante del Grupo de Estudios sobre el Cuerpo, GEC. Radicado en el Núcleo de estudios Sociales, NES. Facultad de Trabajo Social, UNLP.

Actualmente ha comenzado la carrera de Licenciatura en Filosofía en la UNLP. Se encuentra dando clases de trabajo corporal en el curso de formación de Yo-auxiliar en Psicodrama en la Asociación Argentina de Psicodrama y Psicoterapia de Grupo, realizando el taller junto a Gisela Magri “De movimiento y Voz” perteneciente al proyecto “Identidades en Movimiento” de la Facultad de Bellas Artes en la Unidad Penitenciaria 45. Forma parte del equipo interdisciplinario en el Servicio de Pediatría del Hospital Gutiérrez de La Plata. Desempeñándose en consultorio privado en terapia individual y en grupos terapéuticos de psicodrama y psicodanza y trabaja en el consultorio interdisciplinario del Programa: “Acción Niñez”, protección de niñas, niños y adolescentes contra la violencia institucional, de la Asamblea Permanente por los Derechos Humanos La Plata. Integra desde el año 2012 el equipo de trabajo de la Obra del Padre Cajade.

Karina Marelli


Se encuentra cursando el último año del Profesorado de Artes en Danzas (Expresión Corporal) en la Escuela de Danzas Clásicas de la ciudad de La Plata.

Participa de las Clínicas de Investigación y Montaje 2011, dirigida por Gabily Anadón, Centro Cultural de Cooperación Floreal Gorini.

Es Licenciada en Biología y miembro del Grupo de Estudio sobre Cuerpo (GEC) que funciona desde el 2008 en el NES (Núcleo de Estudios Socioculturales) - Facultad de Trabajo Social – UNLP, coordinado por la Lic. Ana Sabrina Mora.

Actualmente se desempeña como docente en diversos ámbitos. -En talleres para niños: “Laboratorio de Arte” para niños/as, realizado en el Centro Cultural Islas Malvinas y “¡A moverse como un animal! Con el cuerpo que tenemos.” que se desarrolla dentro del Proyecto de extensión “de Vacaciones con los Dinosaurios”, en la Facultad de Ciencias Naturales y Museo desde febrero de 2008 hasta la fecha. -En el Taller “Salud en Movimiento” destinado a adultos mayores. Este taller forma parte del Proyecto de Extensión Universitaria de UNLP en convenio con Pami. -De Biología en nivel Secundario y Superior.

Ha participado en distintas actividades relacionadas con el movimiento, entre ellas: Seminario Acercamiento teórico-práctico a la percepción y a la acción, dictado por Marie Bardet. Espacio LEM .Ciudad Autónoma de Buenos Aires; Seminario Intensivo de Improvisación dictado por Eugenia Estévez, La Casa estudio-La Plata; Clases de Danza Contemporánea dictadas por Nidia Martínez Barbieri, La Casa estudio-La Plata; Clases de Danza Contemporánea, técnicas de Improvisación y Composición dictadas por Alejandra Ferreyra Ortiz, La Casa estudio-La Plata; Laboratorio Contac-Improvisación Equilibrio dinámico, dictado por Fernanda Tappatá, Espacio abierto, La Plata; Clases de Aproximación a la Danza Butoh dictadas por Rocío Salmoiraghi; Seminario Análisis del Movimiento Laban, dictado por Gabriela Pérez Cubas en el marco del Proyecto de Extensión de la Escuela de Danza Clásica de La Plata; Seminario Método Feldenkrais, Dictado por Klgo. Roberto Liaskowsky, TEM. La Plata; Taller de Artes del Circo, dictado por Fernanda y Juliana Alessandro; Centro Cultural “El Núcleo”, La Plata; Taller de Danza Aérea dictado por Brenda Angiel, Centro Cultural Rojas, CABA; Clases sueltas de Contac-Improvisación con Cristina Turdo, Andrea Fernández, Paula Barata y Eliana Bonard. Centro Cultural Favero. La Plata; Clases de Sensopercepción dictadas por Isabel Etcheverry, TEM, La Plata; Curso “Creatividad: un hecho global” dictado por Marga Iñiguez (España), TEM, La Plata.

María Eugenia Martins